ESCÁNDALO EN LA CURIA
La Iglesia Católica… ¿es la ramera del Apocalipsis?
SALTA.- Una lluvia de denuncias arrecia contra miembros del clero salteño haciendo crujir la solemnidad de un Arzobispado que guardaba en sigilo muchas situaciones anómalas de sacerdotes, monjas y también laicos que por su situación personal o estatus social trataban de enmendar sus caídas en los cenáculos curiales.
Desde paternidades ocultas hasta abyectas relaciones carnales con menores constituyen, un menú de nefandos episodios que desnudan una simple y sencilla realidad: son hombres.
Por supuesto, no se trata de minimizar en lo más mínimo el alcance de estos ultrajes, sino por el contrario, en una sociedad vaciada sobre un molde eminentemente religioso, estas cuestiones hieren profundamente al cuerpo eclesial y social.
El problema es que pareciera advertirse una concatenación de sucesos previos a cada denuncia. Como si acaso alguna “mano negra” estuviera operando desde la oscuridad (propiamente dicha) para destruir a la Iglesia Católica en Salta, paradójicamente, la “Capital de la Fe”.
Es curioso observar que detrás de cada denunciante siempre aparecen inmediatamente instituciones, colectivos y toda una estructura ordenada a actuar en causas similares. Jamás un denunciante está solo. Y para cada denuncia hay una víctima y una organización a fin detrás.
Es saludable a la vida de la sociedad y de la Iglesia Católica misma que los curas depravados y los abandónicos sean expuestos ante la sociedad para que los fieles no vuelvan a ser presas, no sólo de sus delitos sino de pensarse recibiendo bendiciones de quienes tienen las manos manchadas de graves pecados y delitos.
Lo que no resulta claro ni beneficioso es que la prensa se dé a un truculento festín de noticias buscando el rédito político antes que luchar por la verdad. Los medios como formadores de opinión debieran tratar estas cuestiones con el debido recato –no ocultamiento- ya que las acciones de estos degenerados hieren la sensibilidad espiritual de una gran mayoría, y sabido es que el Evangelio condena como un grave pecado al escándalo.
Correr el velo para observar la verdad, esta es la actitud que la hora le exige a la jerarquía católica. Sincerar los hechos y admitir que no es y nunca fue aquella Institución inmaculada sino una organización compuesta por individuos falibles, débiles y en ocasiones perversos.
Es preciso preservar el espíritu de modo que la Iglesia debe dar un mensaje a la sociedad de transparencia y coherencia con los tiempos que se viven en donde el pueblo precisa de pastores comprometidos con la justicia social.
Si en la confusión que producen las profecías y las lecturas antojadizas de los Libros sagrados se llega a pensar que la ramera del Apocalipsis es la Iglesia Católica, baste decir que está profetizado que el Maligno se sentará en el Trono de Pedro pero será echado y la Iglesia purificada.
De modo que ante sucesos aberrantes como los que están ocurriendo con los sacerdotes, debe imperar la prudencia en el juicio, la mesura en los procedimientos y la caridad, no para ocultar sino para pedir el efectivo juicio y la sanción que corresponda a los responsables.
Es hora de limpiar sacando la mugre hacia la calle, no escondiéndola bajo un alfombra, pero, también, es hora de impedir que detrás de estos casos que son los menos en el concierto inmenso de la Iglesia, los ateos y propagadores del conflicto interesado confundan a un pueblo que desde hace más de cuatro siglos, viene caminando junto a sus pastores.-
El espíritu de la ramera está activo de muchas maneras sobre la tierra, tanto a nivel individual como en una escala más amplia. A nivel individual trata de influir a las personas a vivir tan cerca del mundo como sea posible, que se declaren a sí mismos como “cristianos”, pero que al mismo tiempo vivan de acuerdo a los valores mundanos o valores humanamente puros. Ya sea viviendo de acuerdo a sus propios deseos, pecando un poco por el lado y disfrutando los placeres del mundo, o viviendo de acuerdo a un conjunto de reglas estrictas o bien códigos de ética que no son de Dios.
En una escala más amplia el espíritu de la ramera también está activo en iglesias de todo el mundo, trabajando para deformar la enseñanza pura de Dios y llevar a las iglesias y congregaciones por completo lejos de la verdad hacia la oscuridad causada por sus mentiras.
El objetivo de la ramera no es derribar el cristianismo y la religión por completo. Al contrario, ¡le encanta las iglesias! La ramera es la forma que tiene Satanás para enterrar una aguja en un pajar. Cada vez es más difícil para las personas reconocer el cristianismo verdadero y vivo cuando se está rodeado de tantas medias-verdades y palabras bonitas.
Por Martina Guzmán para Voces Críticas