2018-10-04

APLICAR LO ENSEÑADO

Escándalos de la Iglesia Católica de Salta: un desafío a la Caridad

“Aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” estos tristes episodios no deben ser ocasión de mayor escarnio sino oportunidad para demostrar caridad y justicia

SALTA.- Los tiempos vienen acompañados de un signo, siempre. El desafío para los hombres es saber interpretar el sentido de los signos y obrar en consecuencia apelando a la rectitud de conciencia

Los escándalos que sacuden a la Iglesia Católica de Salta son inéditos, impensables incluso. Como todo pueblo pequeño en proporción a las grandes urbes todos son conocidos y todo se sabe aunque “de eso no se hable”. La situación “matrimonial” de algunos sacerdotes, sus paternidades encubiertas y sus debilidades, en mayor o menor medida siempre fueron conocidas. 

Pero ahora esas acciones privadas han tomado un estado público que es saludable que ocurra. Así como se percibe un hartazgo en la sociedad hacia su clase dirigente por la corrupción imperante del mismo modo venía sucediendo con los sacerdotes. La diferencia –gran diferencia- estriba en el sentido último de la misión de cada uno. 

El político es un laico y puede ser hasta un ateo consumado, no importa, porque su paso por la función pública es fugaz, o al menos debiera serlo si respetaran la alternancia que impone la democracia. Pero, un sacerdote, es un hombre consagrado y será un ministro de Dios de por vida siendo que su débito mayor es ser ejemplar en todo sentido durante toda su existencia

Porque al político se lo vota pero al sacerdote se lo adopta como padre espiritual, como un mayor desde el punto de vista espiritual, que es lo funcional a su ministerio. El político roba, es infiel, traidor, puede ser un déspota y un tirano y las multitudes incluso lo votarán vaya a saber por qué misterios del carisma o la atracción. Pero un sacerdote que protagoniza actos escandalosos hiere profundamente el cuerpo social, daña la confianza y contribuye a menoscaba la fe de todos, por lo tanto su yerra es proporcionalmente mucho más grave. 

En pueblos como el de Salta que se jacta de ser profundamente cristiano y católico, que se reúne anualmente en una multitudinaria expresión de fe, los sacerdotes tienen un peso agregado a su función, y hay que decirlo, han fallado, ya por acción, ya por omisión.

Es el momento de pensar entonces por qué está ocurriendo todo esto y sobre todo, qué hacer frente a estos escándalos. Hay dos caminos, uno es encolumnarse detrás de los apóstoles de la violencia que promueven ejecuciones mediáticas de curas a diario buscando interesadamente profundizar el dolor para beneficio propio, o demostrar que se trata de un pueblo verdaderamente cristiano, donde antes de sumarse a la condena pública meditar en las palabras de Cristo: “Aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. 

 

La esencia del cristianismo es la caridad, pero es una virtud muy difícil de aplicar. Siempre es mayor la tentación a caer en la crítica y en el juicio. Es una respuesta muy humana.

Por eso, estos tristes episodios no deben ser ocasión de mayor escarnio sino oportunidad para demostrar que Salta es realmente un pueblo de fe, caritativo y justo. Que aplica la justicia sentenciando a los curas depravados, pero que se sostiene en la esperanza de que estas cabezas que ruedan sean lugares ocupados por mejores hombres, realmente comprometidos con su ministerio sacerdotal. Es una forma de alcanzar la paz social.-

Por Martina Guzmán para Voces Críticas

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