2018-10-15

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El Éxtasis de santa Teresa

En la iglesia Santa María de la Victoria se encuentra la obra emblema de la escultura barroca, el Éxtasis de santa Teresa

Santa Teresa relata en su Libro de la vida el momento en que fue arrobada por el amor de Dios, cayendo en éxtasis: “Vía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto” (Libro de la Vida. Capítulo XXIX.9).

No fue la única santa bendecida con esta gracia, este elocuente relato de su pluma se vio plasmado en el cincel del genial Gian Lorenzo Bernini. El Éxtasis de santa Teresa, o también conocido como la Transverberación de santa Teresa, es un grupo escultórico de mármol, de estilo barroco.

Fue realizado por encargo del cardenal Cornaro para ser colocado en lo que sería su morada final, en la iglesia Santa María de la Victoria, en Roma, en la capilla Cornaro. Se trata de una basílica edificada en el siglo XVII, cuya finalidad fue la de conmemorar la victoria del emperador Fernando II en la batalla de Monte Blanco.

En el grupo escultórico flota la figura de una santa Teresa inmersa en el limbo del amor de Dios, flanqueada por un querubín que, flecha en mano, está pronto a asestarle una herida de amor en el corazón de la santa. Poderoso en su mensaje, es aún más admirable en el tratamiento del mármol, la gestualidad de los personajes, la luz que refleja en la piedra rodeada por rayos dorados que enmarcan la obra.

Por su majestuosidad, es considerada el emblema de la escultura barroca. Grandeza en la interpretación y capacidad de sumir al espectador en un clima único, fueron las características de este artista nacido en Nápoles, cuyas obras se encuentran también en la basílica de San Pedro.

Realizada entre 1647 y 1652, fue encargada por el cardenal veneciano Federico Cornaro para ornar su tumba, habiendo tomado la decisión de ser enterrado en Roma, en lugar de Venecia, por enfrentamientos en su ciudad natal. Hoy el altar se yergue a la derecha del altar mayor, resguardado por el imponente éxtasis de santa Teresa, cuya luminosidad hace flotar los finos pliegues del mármol, sumiendo también en éxtasis al espectador.

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