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Lola Mora, áureo cincel del norte
Lola Mora nació un 17 de noviembre de 1866. Definir si es realmente salteña o tucumana es la inextinguible diatriba a la que se someten sus biógrafos, pues nació en El Tala, localidad del sur de la provincia de Salta, y fue bautizada en Trancas, localidad de Tucumán, próxima a la anterior. Sus padres vivían en Salta, y en más de una oportunidad ella misma declaró ser tucumana.
Hija de Romualdo Alejandro Mora, catalán de origen, estanciero, y de Regina Vega Sardina, salteña, fue la tercera de siete hermanos. A la edad de 4 años se muda con su familia a vivir a San Miguel de Tucumán, ingresando al Colegio Sarmiento, en el cual brilló con luz propia.
El pintor italiano Santiago Falcucci arriba a Tucumán en 1887 para dar clases, y Lola ingresó en las filas de su alumnado. La pintura se abrió como un abanico ante ella, decantándose por el dibujo y el retrato. Comenzó a pintar retratos particulares, con lo que se ayudó para la realización de sus otras obras.
Realizó un excelente trabajo retratando al gobernador de Salta Delfín Leguizamón, hecho que la llevó a pintar en carbonilla, con motivo de la conmemoración del 9 de julio en el año 1894, una colección de 20 retratos de los gobernadores tucumanos, adquiridos por la Legislatura en su momento y hoy exhibidos en el Museo Avellaneda de San Miguel de Tucumán.
El presidente José Evaristo Uriburu le concede una beca para perfeccionarse en Europa. Allá marchó Lola con su arte y su decisión, conociendo su vocación. En Roma se dedica de lleno a la escultura. Sus viajes a Buenos Aires eran frecuentes y su fama crecía en Argentina, repicando sus éxitos europeos junto a las exposiciones y premios que recibía. De su autoría se conservan, entre las más conocidas: la Fuente de las Nereidas (instalada en Buenos Aires), la Libertad (Tucumán), Juan Bautista Alberdi (Tucumán) y los bajorrelieves de la Casa Histórica de Tucumán.
Luego exploró distintos campos: el mundo teatral y el cine, impulsando la cinematografía a la luz y dedicándose a exploraciones geológicas.
Murió en Buenos Aires el 7 de junio de 1936, dejándonos su maestría, tesón y la inquietud de una mujer avant garde, atraída por múltiples aficiones.