¿MALA PRÁXIS O ARREGLO INESCRUPULOSO?
Muertes en el Hospital del Neurodiagnóstico: ¿Había un anestesista loco?
SALTA.- El allanamiento a la Clínica del Neurodiagnóstico donde supuestamente se habría obrado con dolo en la facturación al PAMI, además de un supuesto contrabando de medicamentos desde el Hospital San Bernardo, exhuma además lo que sería un tenebroso capítulo que ocultan esas paredes: el de supuestas muertes en la sala de operaciones que serían consecuencia de posibles mala praxis a la hora de la anestesia.
Una fuente inobjetable a la que tuvo acceso Voces Críticas, relató bajo el pedido de reserva de su identidad, que en varias ocasiones se habrían practicado intervenciones quirúrgicas que terminaron con el paciente en la morgue.
En el relato, la persona consultada dio como ejemplo el caso de Hilda P., quien fue ingresada para una cirugía de tendón en su dedo meñique de la mano derecha. Recuerda que aquella jornada la paciente ingresó en el horario establecido al nosocomio y como se trataba de una cirugía menor cuando iban a pasarla al quirófano, se encontraron con que en la mesa de operaciones había un cadáver, resultado de una intervención anterior. Ante la vista del cuerpo, Hilda P. se negó rotundamente a ingresar al grito de: “No entro hasta que no saquen la muerta”.
Así ocurrió y tras retirar el cadáver, “La Hilda” ingresó al quirófano para reparar su tendón. Y quedó también tendido su cuerpo en la fría mesa, sin que nadie pudiera dar una explicación, menos cuando a pesar de la mano vendada, ni siquiera incisión había.
Cuenta finalmente la persona informante que fue testigo ocular de aquel incidente, que ingresó a la sala una parienta, entendida en medicina y que mientras el médico balbuceaba excusas, el anestesista permaneció de espaldas, gacha la cabeza, afirmado en el mármol. En los años siguientes, aquel anestesista a quien se habrían ido varios pacientes –se dice- que en supuesto arreglo con alguna empresa fúnebre, jamás volvió a mirar a la cara a la persona que ingresó por el cuerpo de Hilda P.
Cuando la historia llegó por aquellas horas, dice la misma fuente, a oídos de un fiscal que al parecer ya habría tenido antecedentes de hechos parecidos, éste pidió una autopsia, pero el cuerpo de Hilda P. ya había sido cremado en la premura familiar por arreglar papeles para garantizar la herencia. Aquella mujer habría sido así, víctima de la incompetencia médica y de la avaricia familiar.
¿Qué pasó con aquel anestesista? Los datos no son precisos, algunos dicen que habría trabajado un tiempo más en esa clínica de dudosa reputación, otros dicen que se alejó de la práctica médica y algunos más afirman que se hallaría ingresado en un establecimiento para enfermos mentales de la provincia de Buenos Aires.
Por Marta Guzmán para Voces Críticas