HAZ LO QUE YO DIGO, PERO NO LO QUE YO HAGO
Alfredo Olmedo: cuando no todo lo amarillo es oro
SALTA.- Cuando se perfilaba como uno de los precandidatos que hacía diferencia con el resto de los aspirantes a la presidencia, Alfredo Olmedo fue denunciado por negrero, poco menos. En las últimas horas se difundieron declaraciones y fotografías de supuestos empleados suyos en sus empresas de La Rioja, donde los reducidos a la esclavitud salarial lucen vestidos poco menos que con andrajos.
Otras versiones hablan de que ni siquiera tendrían baños decentes y que carecen de comodidades para bañarse, es decir, que Olmedo ni siquiera les habría acercado la Pelopincho bautismal para que su gente pueda refrescarse. Tal vez, será que Olmedo, que presume de que será un presidente “cristiano”, pretende que sus trabajadores luzcan como los discípulos de Emaús, que andaban trazados con ropas que los acompañaban fielmente durante toda sus vidas y casi descalzos. Hay que ser cristiano pero no exagerar.
Otro detalle bíblico que Olmedo parece haber querido aplicar a sus trabajadores, es la falta de pago, tal vez, luego de aquella caída del estrado de Olmedo con todos los pontífices que lo acompañaban, no se sabe si acaso en el incidente haya sufrido algún golpe que lo haya hecho convertirse en un neo profeta y pretenda, que a semejanza de los discípulos, su gente también viva de la caridad pública. El diezmo es para el pastor y no para las ovejas.
La acusación contra el predicador de la buena nueva argentina, Olmedo, incluye el abandono de los trabajadores que deben laborar a la intemperie bajo condiciones extremas, incluso mojados por la falta de elementos adecuados. Bien es cierto que en la creencia de Olmedo el agua purifica pero en demasía enferma, por lo que quizás sea que el aspirante presidencial haya pasado mucho tiempo a la intemperie y su circuito conectivo cerebral se haya humedecido y algunas neuronas estén haciendo falso contacto, porque es evidente que la distancia entre su discurso y las condiciones de sus trabajadores “tiene una mar” de diferencia.
Son los problemas que asaltan a los visionarios y mesiánicos cuando los alcanza la inspiración divina y se alejan de la realidad cayendo en el famoso “Hagan lo que digo y no lo que yo hago”.
El rey de la soja que pretende iniciar una cruzada para convertir a la sociedad, también debiera conocer aquel principio bíblico que señala “es mejor dar que recibir” y que la caridad es una forma del Derecho que prescribe “dar a cada uno según le corresponde”.
Por Franco Alvarado