2019-02-19

EL MESÍAS SALTEÑO

Alfredo Olmedo: El enano "fachista" argentino

El caso de Olmedo es un claro ejemplo de mesianismo absolutista, incapaz de mirar más allá de la propia verdad que él desea imponer como la verdad revelada y absoluta

SALTA.-El título no tiene ninguna referencia ni relación con la condición física del diputado nacional Alfredo Olmedo. De ninguna manera se trata de disminuirlo por su estatura ni de tratarlo como un reaccionario ultraderechista como lo es. 

Sin embargo, el crecimiento –electoral, se entiende- de Olmedo puede tener una explicación que está en la raíz misma del ser argentino: el del “enano fachista”. Más allá de que se trate de izquierdas o derechas, en el fondo ambas facciones están unidas por el mismo sentido de totalitarismo a la hora de las definiciones. 

El caso de Olmedo es un claro ejemplo de mesianismo absolutista, incapaz de mirar más allá de la propia verdad que él desea imponer como la verdad revelada y absoluta, algo que ni siquiera Dios, ese mismo que Olmedo predica, ha hecho con los hombres y mujeres a quienes les regaló la libertad hasta de equivocarse. 

Olmedo no será mejor ni peor político porque se proclame cristiano y deambule por la vida con una Biblia en la mano, por el contrario, el uso de ese libro tiene más de amenaza de que testimonio de vida. Si cristiano en verdad fuera Olmedo, debería recordar el consejo de la Escritura donde Cristo enseña que nadie sepa que están en oración, que no hagan como los fariseos que se golpean en pecho ante los altares y luego son una porquería de personas. 

Las definiciones tan contundentes de Olmedo cifran a un personaje intolerante y nada democrático, al estilo de los que gobernaron este país durante décadas ¡Y allí está la génesis del ser de Omedo! En el fascismo latente que anida en gran parte de los ciudadanos. 

Esto tiene hasta una explicación sociológica si se quiere; van a cumplirse casi cien años desde que el General Uriburu destituyera al primer presidente elegido por el voto popular, Hipólito Yrigoyen, de allí en más la historia argentina ha sido un círculo vicioso de gobiernos de fuerza que marcaron una impronta en la educación con valores que llamaban el “Ser Nacional”. Generaciones han crecido sometidas a este mandato. 

Esto explicaría el fenómeno Alfredo Olmedo, un sujeto que bate el fondo de lo más arcaico del pensamiento nacionalista argentino unificado bajo el lema “Dios, Patria, Familia”, que definía a las falanges más conservadoras. 

Nadie espere más de Alfredo Olmedo que estas pocas ideas que aunque perimidas resaltan ante la falta de otras, pero que representan un retorno al pasado más retrógrado de un país dominado por una oligarquía económico-religiosa. Desde otra mirada, Olmedo está repitiendo el modelo agro-económico-religioso, sustituyendo en esa ecuación la soja por el trigo y el evangelismo por el catolicismo. 

En suma, no es de extrañar que Olmedo piense que una niña de doce años puede prestar consentimiento para una relación sexual ya que en las estancias las doncellas no tenían más valor que las reses, como tampoco sea de admirar que piense en el retorno de un Servicio Militar inaplicable, ni mucho menos que sostenga ideas tan peregrinas como la castración –quizás una inspiración de Joseph Mengele- o cárceles en la Isla del Fin del Mundo. 

La Argentina precisa de un ajuste hacia la modernidad del siglo XXI, inspiradas en valores, sí, pero no anclada a un pensamiento que hizo paradójicamente, que todo desembocara en el descalabro social y económico en que está sumido el país.

Por Franco Alvarado para Voces Críticas

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