¡QUÉ MIEDO!
Salteño pálido del susto: casi se lo lleva el "perro familiar"
SALTA.- En el departamento Orán, un joven de 23 años oriundo de Embarcación fue espantado en plena faena.
El hombre se desempeña como sereno de una máquina en uno de los numerosos puestos de un ingenio azucarero del norte de Salta, llegó a eso de las 18.
“Este chango es empleado de una contratista del ingenio. La máquina que cuida está a varios kilómetros del puesto donde están los piletones de vinaza. Eran como las 20.30 pasadas, yo estaba sentada junto a la puerta de la casilla re entretenida escuchando música y cantando fuerte (al son de diferentes ritmos), porque a esa hora no hay nadie. Estaba re en otra cosa”, contó la mujer de seguridad.
Luego relató en un medio local: “De repente se apareció este chico y no le salía la voz, como cuando estás ronco. Así, medio tartamudeando me dice, comue... se, se, señora la puede llamar a mi mamá. El susto que me pegué yo al verlo así parado enfrente mío, después de aparecer de la nada. Y ahí me paro y le digo ’qué hace acá’, y se quedó mirándome. El chango quería llorar. Lo hago sentar en la silla, pero me dijo que no y se sentó en el piso. Le di agua, le mojé la cabeza y le dije que se tranquilice (sic)”.
Luego de recuperar la calma el joven contó: “Me querían agarrar. Yo pensé (en un primer momento) que lo querían asaltar, pero cuando se logró calmar (un poco) me dijo que estaba arriba de la máquina y comenzó a sentir que le tiraban piedritas al frente de la maquina, en el vidrio, y luego piedras más grandes al techo. Fue entonces que se baja de la máquina, agarra la linterna y ve una sombra gigante de un hombre con un sombrero. Y esta sombra le grita fuerte: “Yaaaa te vas de acá. El chango entonces agarró su mochila y empezó a correr”, sin parar.
La distancia entre los piletones de vinaza hasta el puesto de control es de 16 km.
"El mientras corría miraba hacia atrás y veía la sombra que lo seguía, y era como que lo quería agarrar. Cuando se cae, en un momento, buscó en sus bolsillos el celular, pero del miedo rompió los dos bolsillos del pantalón. Cuando yo hice que saque las manos, tenía los dos bolsillos en la mano. Tenía los ojos como que se le querían salir, la cara pálida”.
La mujer dio aviso a la empresa de seguridad y pasó algo inesperado: “En eso que lo estaba calmando, una mesa de hierro pesadísima (que hay en el puesto) se dio vuelta y quedó patas para arriba. Como que alguien la tiró. En eso llegó el seguridad Yáñez y el la vio así. Ahí nos dimos cuenta que el Familiar se lo quiso llevar y que lo había seguido hasta le puesto. Yo no me asusté porque a esa historia me la conozco, pero el chico se puso a llorar y me repetía que se quería ir con su mamá. No sabía como actuar en ese momento, tenía miedo que (al joven) le agarrara un ataque, porque estaba muy asustado. Finalmente me fui cuando llegó mi relevo”.
Según la leyenda, el Familiar come sólo carne humana y suele rondar los galpones de los trabajadores de los ingenios. Sólo quienes han sido víctimas del Familiar lo conocen, señalan. No es posible matarlo ni herirlo con armas blancas ni de fuego. Sin embargo -señalan- es posible escapar con vida de sus garras mostrándole la cruz que se forma con cabo de un puñal.