2019-03-06

¡ABRETE SÉSAMO!

Julio Jalit: ¿la envidia de Alí Babá?

¿Asumió la impunidad como un valor personal o está cabalmente desquiciado?

SALTA.- Las recientes declaraciones del intendente de Pichanal, Julio Jalil, subrayando su calidad de “tipo inteligente” luego de asegurar que “hasta para robar hay que ser inteligente”, han causado un impacto mediático que repercutió en el todo el país, provocando todo tipo de comentarios y preguntas, en particular sobre si Jalil es un hombre que asumió la impunidad como un valor personal o si está cabalmente desquiciado. 

 

No es la primera vez que el intendente de Pichanal es tapa de periódicos, pero no por su gestión impecable, ya que por el contrario se habla de la decadencia en que viven los vecinos de ese municipio, sino por su extraordinario crecimiento económico que lo llevó de ser un despachador de estación de servicio a convertirse en un empresario con miles de hectáreas de campo, una flota de camiones y vehículos de alta gama, resultados que no coinciden con el modesto sueldo de intendente

Ya en el año 2011, Jalil era denunciado por enriquecimiento ilícito y malversación de fondos nacionales que deberían haber ido a los comedores escolares, a cambio, los titulares de entonces daban cuenta de la muerte de niños por desnutrición. 

A partir de allí, Jalit fue acumulando denuncias de todo tenor y calibre, convirtiendo su gestión, más que en una actuación política, en el compendio de instrucciones del malandra: apropiación ilegal; usurpación, incitación al desorden público, malversación del presupuesto, incluyendo hechos pintorescamente macabros, como la inhumación de fallecidos hasta el borde de la ruta y de la vía férrea, algo que ni siquiera Bram Stoker hubiera imaginado para su celebrada Drácula. 

 

Así, aquel extrabajador, en el año 2006, pasó a ser el propietario de fincas que adquirió por sumas cercanas a los $5 millones, desmontando y produciendo soja. En el 2009 sumó dos campos más en San Martín y a fines de ese año compró otra finca, también por sumas millonarias. Al año siguiente, la fiebre compradora continuó y se agregaron al patrimonio de Jalil tres campos más, todo sin contar otras fincas que también le pertenecerían, pero estarían a nombre de testaferros. 

De esta manera, Julio Jalil acumuló en muy poco tiempo una fortuna personal que crecía mientras las condiciones de vida de los habitantes se hundían –literalmente- en el fango y en la desesperanza. 

Su frase: “Hasta para robar hay que ser inteligente, y yo me considero un tipo muy inteligente”, no ha sido sacada de contexto como argumenta este individuo, sino que más bien se compadece con un acto fallido, porque se puede engañar a todos menos a la conciencia. Y en este caso parece haberle jugado una mala pasada “diciendo la verdad”.  

Si fuera así, Jalil sería la envidia de Alí Babá, quien para ser tal debió recurrir a una banda de cuarenta ladrones. En este caso habría bastado la inteligencia de uno solo.

 

Por Franco Alvarado para Voces Críticas

 

Algunas repercusiones  en medios nacionales

 
 

 

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