ELECCIONES CONSEJEROS DE LA MAGISTRATURA
Mensaje a mis colegas abogados de Salta
Estimados colegas: Mañana, día viernes 22 de marzo, los abogados de Salta están llamados a las urnas para elegir a sus representantes ante el Consejo de la Magistratura de la Provincia.
Permítanme comenzar este mensaje con una breve reflexión.
Pienso que el hecho de que todos los abogados colegiados, con independencia de su antigüedad, de su mérito y de su capacidad, puedan elegir a tres consejeros para que integren el órgano que va a seleccionar a los futuros magistrados de la Provincia es casi un privilegio, si lo comparamos con lo que sucede actualmente en los países en los que el Consejo de la Magistratura fue inventado.
En efecto, no hay una representación corporativa electiva de la abogacía ni en Francia ni en Italia. Tampoco la hay en España, aunque el Consejo General del Poder Judicial español fue creado mucho después del francés y del italiano.
Como muchos de ustedes saben, en Francia, de las ocho personalidades exteriores que componen el Conseil Supérieure de la Magistrature, solo uno es designado para representar a los abogados. El nombramiento de este miembro único no se produce a través de una elección por voto directo de los abogados, sino por una decisión del presidente del Conseil National des Barreaux, con el visto bueno de la asamblea general de este consejo.
Los otros siete son designados del siguiente modo: dos por el Presidente de la República, dos por el presidente del Senado, dos por el presidente de la Asamblea Nacional y uno por la asamblea del Consejo de Estado.
En Italia, la designación de los ocho miembros denominados laicos la efectúa siempre el Parlamento, que está obligado por la Constitución a escoger para el cargo a catedráticos titulares de universidad en materias jurídicas y abogados con quince años de ejercicio.
Curiosamente son también ocho los miembros no togados del CGPJ español. Todos ellos deben ser abogados o juristas y su designación corresponde al Congreso de los Diputados y al Senado. Cada cámara elige a cuatro consejeros, en ambos casos por mayoría de tres quintos.
En Salta, por esas cosas que tiene el diseño de nuestras instituciones, ni a los consejeros que designa la Cámara de Diputados ni a los electos por votación directa de los abogados colegiados se les exige que sean catedráticos, especialistas en determinada materia o que acrediten años de experiencia en el ejercicio de la profesión. Lo cual es particularmente lamentable en el caso de los nominados por la Cámara de Diputados, pues en los veinte años de existencia de nuestro Consejo de la Magistratura, los diputados salteños nunca han designado como consejeros a personalidades independientes de reconocido prestigio, sino más bien casi todo lo contrario.
Pero la importancia de esta elección no deriva solamente del rol que nuestra Constitución asigna a la representación democrática del conjunto de los abogados colegiados. Es importante también porque constituye una ocasión para exaltar el pluralismo de nuestra abogacía.
A diferencia de lo que sucede con las elecciones de autoridades del Colegio y la Caja de Abogados, que responden a otros criterios en los que la decisión mayoritaria o uniforme puede llegar a ser un valor imprescindible, las de consejeros de la magistratura deben necesariamente reflejar la variedad, porque solo con ella se logra controlar mejor al poder.
Por eso es que quiero advertir a mis colegas que buscar mayorías búlgaras o aplastantes en una elección de esta naturaleza significaría tirar por la borda la generosidad del constituyente salteño, que ha querido que los abogados tengan un voz potente en el Consejo de la Magistratura y no solamente que formen un coro dócil que acompañe la voz solista del poder.
Pienso que así como los abogados, en muchos casos, estamos bien formados para ejercer el poder, mucho mejor preparados estamos para controlarlo y señalarle sus límites, cada vez que alguien pretenda excederlos. Es por esta razón que no podemos renunciar de antemano a las facultades de control eligiendo consejeros abogados que aseguren el allanamiento de nuestra intrínseca variedad y la sujeción acrítica al poder de turno.
Debemos pensar en orientar nuestro voto hacia los críticos, hacia los que se proponen reformar las instituciones, mejorar su funcionamiento y devolver a los ciudadanos el protagonismo que merecen y reclaman. Si las elecciones para reforzar al poder han dejado de tener sentido en muchos ámbitos de la vida política e institucional, ningún sentido tiene ya entre los abogados, que hemos nacido -o nos hemos forjado- rebeldes, contestatarios e implacables críticos de los excesos cometidos frente a las normas que son de todos.
Dirijo mi mensaje a los miles de abogados jóvenes de Salta, a muchos de los cuales he tenido el honor de haber contribuido a su formación. En el último cuarto de siglo nuestra profesión ha cambiado, pero muchas de nuestras prácticas todavía siguen ancladas en el pasado. Me gustaría hoy estar en Salta para cooperar en la tarea de transformar nuestros esquemas mentales, actualizar nuestras herramientas profesionales y descubrir nuevos horizontes para nuestra pasión por el Derecho y la Justicia.
Pero como temo que no va a ser posible, solo me queda pedirles que ejerzan su responsabilidad individual preocupándose no solo por los contactos y amigos que puedan hacer cerca del poder, sino velando por el futuro de nuestra profesión, que mucho tiene que ver con la calidad de las personas que ejercen y ejercerán el poder de juzgar y resolver la controversias.
Si mañana elegimos a buenos abogados para que se sienten por nosotros en el Consejo de la Magistratura, pasado mañana tendremos mejores jueces, y un poco más tarde, una mejor justicia. Si logramos que esto suceda estaremos inaugurando un círculo virtuoso que se cerrará con el ansiado reflote del prestigio de nuestra profesión, que está vinculado -aunque a primera vista no lo parezca- con la transparencia y la fiabilidad de nuestras instituciones.
En estos momentos me gustaría invocar la figura de Eduardo Couture, pero con el mayor respeto a su insigne figura, quien se me viene a la memoria es Neil Armstrong. Porque, a decir verdad, cuando mañana nos enfrentemos al trascendente y decisivo momento de emitir nuestro voto estaremos dando un pequeño paso como abogados pero un paso gigantesco para la calidad de nuestras instituciones y el futuro de nuestra querida profesión.
Luis Alberto Caro Figueroa - Abogado. Publicado en diario Iruya