HISTORIAS SALTEÑAS
'Quisiera algún día vestir la camiseta de la Selección”, un chango salteño en San Lorenzo de Almagro
SALTA.- Con solo 16 años y un futuro más que prometedor, Mauricio Suica recaló hace poco más de dos meses en Buenos Aires, con su valija cargada de sueños, dejando atrás su familia y toda una vida de sacrificios.
Tenía cuatro años cuando empezó a patear la pelota como cualquier chico de barrio, pero no tardaron en darse cuenta de sus cualidades poco comunes, hablamos de esas gambetas que no pasan desapercibidas y la condición que tienen los dotados: hacer las cosas de tal modo que a los ojos de cualquier mortal parecen fáciles, tan fáciles que parecía volar con la pelota en sus pies.
Llegar a la liga profesional, en un mundo competitivo como es el fútbol actual habla no solamente de cualidades innatas sino de sacrificio, perseverancia, fe y motivación, facultades que jamás decayeron en Mauricio, un chango salteño nacido en Villa Floresta dentro de una familia conformada por su papá, su mamá y seis hermanos, cuatro mujeres y dos varones, aunque es el único que se dedicó a este deporte.
“Mi primer club fue el Atlas, cuando ingresé a preinfantiles de inferiores, después me fui a Libertad donde jugué hasta octava división y más tarde entré en Central Norte”, cuenta con una inconfundible tonada salteña. Fue entre los “cuervos” donde ganó la confianza en sí mismo y el club ferroviario le abrió su corazón para siempre, llegando a ser figura del Sub15.
“El martes firmé el contrato como profesional con San Lorenzo, estoy muy orgulloso, la verdad que cuando recibí la noticia me emocioné, igual que toda mi familia”, cuenta con la voz quebrada. “Ya voy jugando cinco partidos, hace dos meses y medio que estoy en Buenos Aires en esta división”.
“Se extraña mucho la familia, pero este es mi futuro y trataré de no parar hasta llegar algún día, si Dios quiere, a jugar en primera división”, dice con voz firme y una convicción a prueba de todo. Vive en la casa de San Lorenzo junto a chicos del interior con los cuales comparte los entrenamientos, pero también la vida diaria. “Acá hay chicos de muchas provincias, tengo una relación muy buena con mis compañeros de pensión. Soy el único salteño, los demás son de Corrientes, Mendoza, de Tucumán, de todo el país”.
“Los entrenadores y dirigentes nos dan mucha contención, los coordinadores también, se portaron muy bien desde que llegué, me hicieron sentir como en mi casa”, resuena su voz, quizás recordando aquellos primeros momentos en un mundo distinto, donde lo único que le remitía a sus entrenamientos salteños era la pelota y el espeso verdor de la cancha. Afirma que el nivel de exigencia en Buenos Aires es muy superior, “nada que ver con lo que venía haciendo”.
“Quisiera poder jugar en primera y vestir la camiseta de la Selección algún día, ese es mi mayor sueño”, anhela Mauricio Suica, porque las ilusiones dejan de ser tales cuando el fruto del trabajo las convierte en realidad, una realidad que hoy lo llevó a subir otro peldaño más en la sacrificada escalera de la fama, donde el club azulgrana promete ser la página en blanco para comenzar a escribir su verdadera historia en el fútbol profesional.
Por Carolina Mena Saravia para Voces Críticas