POLÉMICA
¿La necedad a costa de lo que sea o golpe publicitario? El engendro que viene
SALTA.- Los salteños asistimos nuevamente, esta vez en tiempos preelectorales, a este viraje de timón, cuando toma estado público la noticia de que el trío Mimessi-Chibán-Vázquez (Mario Mimessi-Héctor Chibán-Humberto Vázquez) de la Unión Cívica Radical embistió, otra vez, contra los símbolos religiosos que se encuentran en los lugares públicos, presentando un proyecto de ley para que sean retirados de los mismos, entendiéndose por tales a los que pertenecen a los tres poderes del Estado.
Una nueva embestida para un viejo, si de alguna forma podemos llamarlo así, planteo de minorías que busca notoriedad amparándose en la intolerancia, esgrimiendo esa bandera para querer imponer su pensamiento y resentimiento a costa de lo que fuere. Mejor les convendría tomar el camino de aquellos preclaros sabios de la Antigüedad, que preferían beber hasta la inconsciencia antes de caer en la tentación de cometer actos de estupidez en una suerte de blindaje al honor y decoro.
No es la primera vez que como salteños asistimos a estas muestras de autoritarismos. Salta lo vivió en carne propia durante el año pasado con la visita del periodista Horacio Verbitsky a la Legislatura cuando acudió para hablar sobre su libro y, durante el encuentro, fue retirado el crucifijo que tradicionalmente preside el Palacio Legislativo, generando fuerte polémica y rechazo por parte de la sociedad salteña.
El que tampoco falta en esta movida es el Instituto Laico de Estudios Contemporáneos (ILEC), de la mano del periodista referente de la entidad Fernando Climent, quien además de bregar por poner en autos al tema, reconoce de antemano que la medida no tendrá quórum, en todos los sentidos de la palabra, pero busca generar bardo tras la estudiada expresión de “poner en el tapete” el tema.
El atentar en todos los niveles de la vida diaria, no es ajeno a nosotros. Estos progres del nuevo milenio ya fueron por el crucifijo, al igual que en Francia lo hicieron con el velo que portan las musulmanas, en Canadá contra el kipá o la estrella de David, cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se expidió sobre la presencia del crucifijo en las aulas de escuelas públicas italianas, citando a la Convención Europea de los Derechos del Hombre: “[…] por lo que se refiere al lugar preponderante de una religión en la historia de un país, el hecho de que se le asigne un espacio más amplio que a las demás religiones en los programas escolares no es en sí un acto de adoctrinamiento”.
Ahora bien, ¿a qué se refieren estos “laicistas” cuando, según se expide Climent, autodefinido como patrocinante de este engendro legislativo, habla de “niños en desarrollo”, “dejar los lugares libres para que estos no se vean afectados por un ‘símbolo’ en su crecimiento”? En nombre de los derechos de las minorías, las mayorías están obligadas a desajustes y afrentas tales como la afirmación de Climent de que “el crucifijo es sumamente agresivo”, “que el rezo está prohibido” y sandeces por el estilo. Sin hablar del atropello al que son sometidos nuestros hijos con la flamante ESI (Ley de Educación Sexual Integral), donde a pesar de la oposición de los padres, los párvulos se encuentran ante el paredón de fusilamiento del adoctrinamiento de género, cuando la opción está planteada entre ser hombre, mujer, jirafa o perro. ¡Serás lo que quieras ser o serás un pez! ¿Minoría autoritaria? ¡No, qué va! Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.
Por Anabel Fragueiro