2019-06-27

¿SER O NO SER?

Héctor Chibán: ¿el diputado pagano?

El que se jacta de haberse “formado en un colegio católico por eso sé de qué hablo”

SALTA.- Carente oratoria, de la majestad en el uso de la palabra que sólo es patrimonio de los que tienen un espíritu esclarecido, el diputado Héctor Chibán ensayó un discurso más cercano al de un exaltado bolchevique que al de un legislador del siglo XXI para “defender” su postura como ateo confeso, laico militante y radical perdido en la bruma de una ideología que ni siquiera es radical.

En primer lugar, en la historia de ese centenario partido, la Unión Cívica Radical, nacionalista, profundamente democrático y laico por esencia, jamás se tentó ir contra los símbolos que hacen a la identidad del pueblo argentino. Cuando Hipólito Yrigoyen encaminó la reforma educativa que tendría su eclosión en la Reforma Universitaria de 1918, avanzó sobre bases positivistas, pragmáticas y sociales, pero en ninguna parte se planteó terminar con la religiosidad católica ni de ninguna otra clase, lo cual demuestra desde el vamos que el diputado Chibán ni siquiera conoce la historia de su propio partido.

El radicalismo posterior –Marcelo T. de Alvear, Arturo Frondizi y Umberto Illia- tampoco se preocupó de alterar la creencia mayoritaria del pueblo argentino. Ni siquiera con Raúl Alfonsín que terminaba sus discursos recitando el Preámbulo de la Constitución Nacional “como un rezo laico” (sic), amagó siquiera ir contra símbolos ni tampoco identidades religiosas. El radicalismo cambió el sistema político pero no la política económica ni la estructura social o religiosa, que continuó según provenía desde sus orígenes.

El diputado Chibán no sólo es un negado en historia argentina, sino también en materia de un elemental conocimiento de los símbolos que representan a las grandes religiones mundiales, así dice: “tuviésemos una Estrella de David, un TURBANTE del mahometanismo o un Buda”; demostrando que es tan precaria su formación intelectual cuyo apellido –paradójicamente- desciende de familias que originariamente rindieron culto a Allah, que desconoce que el Islam se representa con una Media Luna y no con un turbante, de donde hasta se podría deducir que en el inconsciente de Chibán reside un cierto desprecio por su casta ya que traduce estar pensando en “los cabezas atadas”. Mahoma ya le hubiera hecho cortar la cabeza por blasfemo.

Se jacta Chibán de haberse “formado en un colegio católico por eso sé de qué hablo”, y sería entonces del caso averiguar cuál fue ese establecimiento donde este diputado no aprendió nada, porque justamente el catolicismo en su etimología significa “universal” (Catos) y el Jesús al que Chibán alude predicó la tolerancia hacia todos, incluso a sus enemigos, condición que este pobre hombre no posee.

Los pueblos se conforman con tradiciones, eso les da su identidad, por lo que al renegar de las tradiciones de este pueblo salteño, Chibán debiera ya mismo presentar su renuncia como diputado ya que no representa a quienes lo votaron. Si un diputado se dice representante del pueblo, este caso es la antítesis de un republicano. Siguiendo el hilo de este razonamiento, Chibán al no representar a su pueblo, es lisa y llanamente un usurpador del cargo que lo estaría utilizando en su propio provecho ya que hasta fecha nada de sustento en bien de la comunidad se le ha visto hacer.

Se revela además Chibán como un ser perverso, intolerante y discriminador cuando le espeta a su par el diputado Suriani que le va a explicar “como para opa”, denigrando primero a quienes tienen el dolor de padecer alguna disminución mental y luego se burla de ellos utilizando esa condición para insultar a Suriani y a todos los que piensan como este último, o sea que por carácter transitivo ha insultado a TODO el pueblo de Salta. Bueno, a casi todo.

Por último, y para subrayar la lamentable condición espiritual y humana de la que hecho gala en el Recinto, Chibán con todo orgullo se declara ateo, otra profesión de ignorancia ya que científicamente el ateo no existe, porque nadie puede negar lo que no conoce. Al negar a Dios, Chibán acepta que comprende el significado del término “Dios”, luego, no es un ateo (a- sin y “teos”-dios). Ni siquiera los comunistas en su climax fueron ateos ya que su “dios” era el Estado y el Partido, a ellos les rendían tributo y hasta su vida misma.

En conclusión, el diputado Héctor Chibán ha dado al pueblo de Salta una muestra de que todos los ciudadanos están pagando una banca inútil, están sufragando el buen vivir de un sujeto que utiliza su cargo para ir contra la creencia mayoritaria de los salteños y que además están solventando a un “minus habens”, soberbio, petulante, bravucón y malevo, cuyos modos y comportamientos avergüenzan al partido radical (si algo queda de ese partido) y a todos los salteños en general que ahora saben que tienen en la Cámara de Diputados a un verdadero energúmeno.-

Por Franco Alvarado para Voces Críticas

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