ESTABA EN LIBERTAD CONDICIONAL
Murió el cuádruple homicida Ricardo Barreda
Ricardo Barreda murió la noche de este lunes 25 de mayo, a los 83 años. El odontólogo platense fue condenado a prisión perpetua por asesinar en 1992 en su casa a su mujer, sus dos hijas y su suegra. Falleció en el geriátrico Del Rosario de José C. Paz por "causas naturales", notificaron autoridades policiales. Estaba bajo libertad condicional. Se espera que en las próximas horas se divulgue un nuevo parte sobre los motivos del fallecimiento.
El monstruo de La Plata, a principios de 2008, recibió el beneficio del arresto domiciliario. La justicia destacó su buena conducta y también su edad, ya tenía más de 70 años, pero fue revocado por violarla. Dijo que debió ir a una farmacia. El 11 de febrero de 2011, nuevamente recibió el beneficio. Luego de violar el arresto domiciliario en marzo de 2011, volvió a la cárcel. Al final de ese mismo mes le fue otorgada la libertad condicional. Hubo organizaciones de derechos humanos y feministas que rechazaron el fallo que favoreció al femicida más famoso del país.
Ricardo Alberto Barreda cometió un hecho atroz que conmocionó a la Argentina entera. El 15 de noviembre de 1992, con una escopeta marca Víctor Sarasqueta mató a su esposa, Gladys McDonald (57 años), a su suegra Elena Arreche (86 años) y a sus dos hijas Cecilia (26) y Adriana (24). Las jóvenes ya eran profesionales: odontóloga y abogada, respectivamente. Ocurrió en la casa familiar, en la calle 48 entre 11 y 12 de la ciudad de La Plata. Causó estupor su tranquilidad a la hora de enfrentar a los medios de comunicación. Nunca se vio arrepentido.
En el juicio oral, Ricardo Barreda sorprendió a todos. Dijo que el día domingo, cuando cometió los cuatro crímenes, bajó tranquilo al living. Ellas acababan de almorzar. Narró que pasó por la cocina y comentó: "voy a pasar la caña en la entrada, el plumero en el techo, porque está lleno de insectos atrapados que causan una muy mala impresión". Ella habría respondido: "mejor que vayas a hacer eso, andá a limpiar que los trabajos de 'conchita' son los que mejor te quedan, es para lo que más servís".
El feminida platense confesó que ante esa respuesta, sintió rebeldía y entonces le dijo a su mujer: "el 'conchita' no va a limpiar nada". Al bajar la escalera, entre una biblioteca y la puerta, encontró la escopeta parada."Los cartuchos estaban al lado, en el suelo, en una caja. Así habían estado desde hacía mucho tiempo. Y bueno, fue extraño. Sentí como una fuerza que me impulsaba a tomarla"... La tomo y empezó la masacre.