MINTIÓ SU VERDADERA IDENTIDAD
El día que el femicida Ricardo Barreda se hizo pasar por un mendigo y se volvió viral
Corría el año 2017, el femicida Ricardo Barreda ya deambulaba por las calles de Buenos Aires sin un lugar fijo para pasar las frías noches de la ciudad de la furia. Su demacrado estado físico era el camuflaje ideal para pasar inadvertido entre la gente, que cada vez que lo reconocían se acercaban a pedirle una fotografía, algo para lo que nunca se negaba. Sin dinero terminó el pasillo de un hospital, a la espera de que alguien se apiadara de él y le diera al menos por una noche un lugar cálido para dormir. Allí fue que se conoció cómo es que lograba pasar sin ser descubierto entre la gente.
“Mi nombre es Alberto Navarro”, repetía el odontólogo femicida con la intención de convencerse a sí mismo de su nueva identidad. El Hospital de General Pacheco se había convertido en su punto de apoyo, allí era en donde pasaba mayormente sus días, mientras le contaba su historia de vida (completamente alejada de la realidad), su familia lo había abandonado a la buena de Dios. Repetía hasta el cansancio haber dejado en ese centro de salud, con la suerte de que alguien lo escuchara y le tendiera una mano, y al cabo de unos meses, así ocurrió.
La ciudadana Laura Casetti, una mujer de la zona de Tigre lo encontró solo en los pasillos del hospital, y tras una breve conversación con él, la convenció de su identidad ya que el estado físico que tenía en ese momento le servía muy bien, no permitió que la mujer pudiera notar que se trataba del odontólogo acusado de cuádruple femicidio. Así fue que le tomó una fotografía y creyendo completamente en la historia que el anciano le había contado, reprodujo sus dichos a través de un posteo de Facebook. “Este abuelo está en el hospital no sé cuánto hace, dice que no tiene parientes”, escribió en su cuenta personal.
“Me pregunto, ¿cómo pueden abandonarlo a su suerte?” contó la vecina de Pacheco, e hizo extensivo el pedido de ayuda para el “abuelo”. Al ser testigos de una historia tan conmovedora, lo primero que se hace en la era de las redes sociales es tomarle una fotografía a la persona que necesita ayuda y apelar al alcance de las redes. De esta manera mucha gente se pudo reunir con sus seres queridos. Pero no era el caso del femicida Ricardo Barreda, nunca lo fue. Él no tenía parientes, ni amigos, ni nadie que lo extrañara o se preocupara por él, pues se había encargado de asesinar a tiros a sus dos hijas, su esposa y su suegra.
Los internautas no tardaron en darse cuenta que se trataba del hombre acusado de cúadruple femicidio e hicieron caer en cuenta a la mujer que, con total convencimiento de la historia que el asesino le había contado, decidió no cuestionar la veracidad de los hechos y no dudó en tenderle una mano. La publicación se volvió viral en ese momento y los usuarios de Facebook hicieron centro en el deterioro físico en el que se encontraba.