Impunidad
Joven salteño sin el ojo, víctima de los policías absueltos: "Me tenía apuntando y me disparó a la cara a quemarropa”
SALTA (Redacción Voces Críticas) Durante la jornada del jueves 30, la justicia decidió absolver a los policías acusados de atacar a Luciano Cruz, un joven salteño de 19 años, quien producto del violento ataque sufrió la pérdida de un ojo. Voces Críticas dialogó con la víctima quien contó en primera persona cómo está atravesando este difícil momento.
El hecho ocurrió el 24 de febrero de 2020 cuando el joven que perdió el ojo, en horas del mediodía, regresaba de su trabajo en un lavadero ubicado en el barrio Zabala. Al arribar a su hogar, se topó con un grupo de amigos que estaban sobre la vereda de enfrente y se arrimó para compartir un momento de dispersión con ellos. Según lo expresado por el entrevistado, de la nada se aparece un móvil de la policía y comienza a apuntarlos con el arma reglamentaria efectuando disparos.
“Recuerdo que yo intenté escaparme de esa situación. Salí corriendo para la vuelta porque no podía retomar para mi casa. Y cuando corro para la vuelta, corro con otro amigo, y el móvil como que nos quiere arrinconar sin dejarnos lugar para escaparnos”, comenzó diciendo Luciano. Ante esta desesperante situación, el joven salteño no sabía que hacer por lo que siguió corriendo para regresar al lugar donde se originó todo.
“Quiero intentar irme para mi casa, pero no pude porque la policía estaba con la greca, con los vecinos, porque la policía estaba haciendo disparos y los vecinos salieron a reclamarles”, contó el joven salteño. La desesperación de los habitantes del lugar se debió a que en plena luz del día realizaron un violento enfrentamiento en condiciones desiguales debido al uso de los elementos policiales.
“Cuando voy a retornar a mi casa, un policía me venía siguiendo por atrás, doy la vuelta para mirar y ya me tenía apuntando y me disparó a la cara a quemarropa”, confesó. Además, señaló: “Quedé ciego en ese momento, caí al piso por la fuerza del impacto del disparo”.
Una de las testigos presenciales de los hechos, le relató al damnificado que este uniformado le realizó un segundo disparo que le impacta sobre el cuerpo. “En el piso me seguían disparando. Esta vecina me socorre, me mete a su casa, me lava la cara y me tapa la cara con un toallón. Me sube a una moto y me lleva al Hospital Papa Francisco”, detalló Luciano.
No obstante, la pesadilla no terminó ahí. Mediante su desplazamiento al nosocomio, un móvil policial lo venía siguiendo. Al momento de arribar, el joven salteño ingresó a la guardia, pero el vecino que lo trasladó fue detenido por la policía que los “escoltaba”. “Yo ingreso a la sala de urgencia, me siento en la camilla, la enfermera sale y me dejaron solo. Yo empiezo a escuchar que alguien se me sienta al lado mí y me dice que me cague si pierdo el ojo, si me quedo ciego”, afirmó.
No conforme con este acto verbal de crueldad, Luciano se desespera, se levanta de la camilla y comienza a pedir ayuda. De inmediato, de acuerdo con lo declarado, ingresa otro agente diciendo “si, este era y me empezó a pegar también”. Tras la extrema situación de violencia y abuso policial, una enfermera ingresó al cuarto en compañía del personal de seguridad y un médico para frenar con la brutal golpiza.
“Yo recuerdo que la enfermera le decía porque me pegaba, mirá como lo dejaron, que ellos no tienen autoridad. Pasó todo eso, me calmé y me emparcharon, me curaron y me pasaron al (Hospital) San Bernardo”, recordó.
Una secuela que llevará para siempre
Como era de esperarse, Luciano y su madre hicieron la denuncia. Al momento de llevar a cabo el proceso judicial, se toparon con que “había cinco denuncias más contra el mismo grupo de policías. “Este era un grupo de policías de la DCU de la División GAP de 911 que ya tenían ese modus operandi de disparar y pegar porque todas las denuncias son del mismo año, pero de diferentes meses”, anunció.
Si bien la entrevista realizada fue hecha minutos previos a conocerse el fallo, la víctima enfatizó en que los policías acusados de dispararle en el ojo sacaron leyes para proteger a la fuerza y que estaba convencido de que iba a quedar impune. “Quieren dar a entender que todo lo que hicieron fue en defensa propia. Me acusan de haberle pagado a dos policías, de pegarle una pedrada. En la cámara del móvil se ve yo estaba aturdido”.
Finalmente, el pedido de justicia de Luciano quedó sin ser escuchado y la Fiscalía del Estado no se hizo cargo de condenar a los responsables de la pérdida de la visión del joven salteño. “A mi me cagaron la vida para toda la vida. Trabajaba, era albañil, pintor, también me desempeñaba en el rubro de la carnicería. Estaba estudiando herrería, faltaba poco para que lo termine. Estudiaba muchas cosas, hacía muchas cosas. Era una persona muy independiente. Perdí el 90% de mi visión y para la fiscalía no es relevante”. Informa Voces Críticas.