2025-04-24

Fue uno de los más entrañables postres

El plato mexicano que conquistó al papa Francisco y su última Pascua en vida

El Sumo Pontífice se permitió disfrutar de algunos sabores representativos del país, preparados con esmero por el chef Joe Ibarra, quien fue parte del equipo culinario del Vaticano durante esa histórica visita.
Por Redacción Voces Críticas

En 2016, durante su visita pastoral a México, el papa Francisco no solo dejó huella espiritual, sino que también vivió una experiencia gastronómica única. Entre los múltiples encuentros y misas, el Sumo Pontífice se permitió disfrutar de algunos sabores representativos del país, preparados con esmero por el chef Joe Ibarra, quien fue parte del equipo culinario del Vaticano durante esa histórica visita.

El chef Ibarra compartió recientemente detalles íntimos de aquella experiencia, revelando que el papa Francisco mostró una calidez humana que trascendía su investidura. “Estaba muy satisfecho, agradecido y sorprendido por la calidad de los platillos. Disfrutó cada bocado”, recordó. Uno de los momentos más entrañables fue el postre: unos alfajores argentinos que lo emocionaron profundamente.

Aunque el menú fue diseñado con mucho cuidado debido a las restricciones alimentarias del papa nada picante, ni irritante, ni excesivamente grasoso, Ibarra logró fusionar lo mejor de tres culturas: la mexicana, la italiana y la argentina. Así, surgieron platos sencillos pero llenos de identidad, como una pasta con pesto enriquecida con ingredientes autóctonos como huitlacoche y pipián. Informa Voces Críticas.

El desayuno del pontífice incluía una selección ligera y saludable: embutidos, quesos, frutas sin semillas, pan artesanal, mermeladas caseras y té verde. El café estaba descartado por recomendación médica. Para almorzar y cenar, se preferían platos como arroz blanco al vapor y pastas, siempre acompañados por agua embotellada especial traída desde el Vaticano por su bajo contenido de sodio.

Francisco también se llevó consigo algunos recuerdos culinarios. Según el chef, “le encantó tanto el pan integral artesanal que se llevó varios panes a Roma”. Esta anécdota no solo revela el gusto del papa por la comida sencilla y bien hecha, sino también su aprecio por lo auténtico, lo humano, lo hecho con cariño.

La noticia de la muerte del papa Francisco este lunes, a los 88 años, conmovió al mundo entero. Su última aparición pública ocurrió en la celebración de Pascua, apenas un día antes. Hoy, mientras miles lo despiden, también se recuerdan los pequeños gestos que lo definieron: su cercanía, su humildad y, sí, también su amor por la buena comida compartida en fraternidad.

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