2025-11-21

IMPERDIBLE

Guillermo del Toro sorprende en Netflix con una versión de “Frankenstein” más humana y conmovedora

Con una puesta visual imponente, escenografías meticulosas y locaciones diseñadas al detalle, la propuesta reconstruye el universo del clásico
Por Redacción Voces Críticas

En su flamante película para Netflix, Guillermo del Toro vuelve a sumergirse en ese universo donde conviven la luz y la oscuridad, esta vez reinterpretando Frankenstein, la célebre creación literaria de Mary Shelley. El director se propuso renovar una historia que tuvo incontables adaptaciones, pero lo hizo desde una perspectiva íntima, emocional y profundamente reflexiva. La pregunta que guía su versión es sencilla y compleja a la vez: ¿qué hace realmente monstruoso a un ser y qué lo vuelve humano?

A lo largo de su filmografía, del Toro ha demostrado una sensibilidad particular hacia las criaturas marginadas. Películas desde El espinazo del diablo hasta La forma del agua y Pinocho, su obra reivindica lo extraño, lo incomprendido, lo que habita al margen. En esta nueva adaptación, esa tradición vuelve a tomar fuerza a través de un triángulo conceptual clave: Dios, humano y monstruo. El director observa cómo el afán de un hombre por crear vida se transforma en un espejo perturbador de sus propias sombras, mientras el monstruo comienza a construir un sentido de identidad y civilidad inesperado.

El largometraje incluye momentos de fuerte melodrama que, aunque por momentos rozan lo inverosímil, funcionan como sostén emocional de la historia. Allí emerge con intensidad el personaje de Elizabeth, interpretado con sutileza por Mia Goth. Ella encarna la idea de que la humanidad no es un pedestal moral, sino un terreno ambiguo donde conviven la grandeza y la perversión. Frente a la obsesión y el descontrol de Victor Frankenstein —interpretado por Oscar Isaac—, Elizabeth encuentra refugio en la naturaleza y en pequeñas verdades simples que contrastan con la ambición desmedida del científico. Informa Voces Críticas.

Parte del impacto del filme proviene del modo en que del Toro elige narrarlo. Por primera vez, el monstruo obtiene una voz propia, una conciencia que le permite relatar su historia desde dentro. La elección de Jacob Elordi para interpretarlo refuerza esa apuesta: su presencia mezcla vulnerabilidad y extrañeza, ofreciendo un contrapunto poderoso al punto de vista del doctor. La película construye así un relato dual donde ambos personajes se miran, se enfrentan y se definen mutuamente.

Este enfoque retoma una larga tradición literaria y cinematográfica que ha tratado de reescribir las fronteras entre lo humano y lo monstruoso. El hombre elefante, Solo los amantes sobreviven o incluso La bella y la bestia ofrecen antecedentes claros de ese gesto. Sin embargo, del Toro agrega un componente contemporáneo: cuestiona el lugar de la ciencia como motor de progreso inmaculado y expone las miserias que pueden esconderse detrás de la ambición por trascender los límites naturales.

Finalmente, la película plantea una paradoja conmovedora: la criatura no es menos humana por su aspecto, sino por la inmortalidad que lo condena a la soledad. Su búsqueda, más que la de un origen o un propósito, es la de un vínculo, alguien con quien compartir el mundo. Del Toro recuerda que la humanidad no reside en la grandeza ni en la eternidad, sino en lo más elemental: la fragilidad, la capacidad de formar lazos y el hecho inevitable de que la vida tiene un final. En esa tensión, su Frankenstein encuentra una nueva forma de latir.

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