CONFESIONES
Por fin Gabriela Sabatini abrió su corazón para hablar de su vida familiar y deportiva: "No me gustaba..."
Durante años, Gabriela Sabatini fue sinónimo de excelencia deportiva y perfil bajo. Ícono del tenis argentino, dueña de un talento indiscutido y una personalidad reservada, sorprendió recientemente al hablar con una franqueza poco habitual sobre una de las decisiones más debatidas de su carrera: su retiro a los 26 años, cuando todavía competía en la élite mundial.
Acompañada siempre por su familia y con su hermano Ova Sabatini como una figura clave en su recorrido profesional, Gabriela alcanzó el número dos del ranking mundial y conquistó 27 títulos en el circuito de la WTA. Sin embargo, ese recorrido exitoso convivía con un proceso interno que pocos conocían y que terminaría marcando el final de su etapa como tenista profesional.
“Me retiré porque no me daba más la cabeza. Físicamente estaba súper bien, pero ya lo venía procesando”, confesó la ex tenista. Lejos de una decisión impulsiva, explicó que el quiebre fue gradual y que comenzó a tomar forma tiempo antes: “El tema del retiro comenzó en el año 1994, cuando empiezo a trabajar con un psicólogo deportivo para ver qué me pasaba”.
Como ocurre con muchos deportistas de alto rendimiento, atravesó momentos de profundo cansancio emocional. “En un momento de la carrera entrás en un bache y decís ‘no quiero estar acá’”, describió. No era una sensación nueva para ella: a los 17 años ya había atravesado una crisis similar, aunque entonces logró reconectar con la pasión por el juego. Informa Voces Críticas.
A los 26, sin embargo, la experiencia fue distinta. “Fue ahí cuando me exigí al máximo, pero me di cuenta de que era el final”, afirmó. En su relato, Sabatini puso el acento en un aspecto que muchas veces queda fuera del análisis deportivo: el peso del entorno y de todo lo que rodea a la competencia profesional.
“No es el deporte en sí, sino todo lo que lo rodea: la fama, la prensa, las exigencias, las expectativas. No te das cuenta y te empieza a quemar la cabeza”, explicó. Con el paso del tiempo, logró reconciliarse con el tenis desde otro lugar y hasta volvió a empuñar la raqueta en una exhibición, donde redescubrió sensaciones olvidadas.
“Volví a jugar de grande y disfruté otra vez, como cuando tenía 13 años”, contó. Pero también fue clara al marcar un límite que no quiso volver a cruzar: “Después se convierte en un trabajo, aparecen las presiones y llega un punto en que odiaba al tenis. No quería que eso pase. Respeté lo que sentía”.
En la charla también habló de la timidez que la acompañó desde la infancia y que influyó en su carrera. “En el colegio me costaba mucho hablar, no me gustaba ser el centro de atención”, recordó, y admitió que durante años evitaba incluso llegar a finales. “Si ganaba tenía que decir algo y no quería saber nada”, dijo entre risas. Hoy, lejos de la exposición constante, Gabriela Sabatini transita una etapa de mayor serenidad, con la convicción de haber elegido a tiempo, aun cuando no todos lo comprendieran.