CONFESIONES
¡Sin filtros! La historia desconocida de Lali Espósito contada por una persona muy cercana a ella
Lali Espósito aparece como hilo conductor en un relato que tuvo su punto de partida el 9 de diciembre de 2020, una fecha bisagra en la vida de Majo Riera, su madre, cuando fue operada por un cáncer de mama. En ese contexto, comenzó a escribir un cuaderno personal que con el tiempo se transformó en una biografía publicada, donde recorre su historia con una mirada íntima y sincera, y también revela aspectos poco conocidos de la infancia y adolescencia de la artista.
En uno de los pasajes más reveladores, Majo recuerda el inesperado embarazo que cambió su vida a los 24 años, cuando ya tenía dos hijos pequeños. “Llegó la sorpresa. Sí, así me enteré de que estaba embarazada de cinco meses. Sucedió que desde que había nacido Patricio hasta la fecha no había vuelto a menstruar y además amamantaba, pero no solo eso, sino que también tomaba anticonceptivos orales. Un caso de estudio. Evidentemente quien venía en camino era porfiada y quería y debía llegar a este mundo, y yo sería su vehículo”. Esa bebé era Lali, descrita por su madre como una nena que “nació sonriendo, muy peluda y colorada”, según reseñó la periodista Nieves Otero, quien tuvo acceso al libro en el programa Vamos las chicas, por Canal de la Ciudad.
El libro también revela un detalle desconocido incluso para muchos seguidores de la cantante: el nombre que casi lleva. Lali, conocida legalmente como Mariana, estuvo a punto de llamarse Nardella. “Cuando la puse sobre mi pecho y me preguntaron, me salió ‘Mariana’, que era otra opción. Hoy ella lo agradece”. Como suele ocurrir en muchas familias, el apodo llegó de la mano de su hermano mayor, que no lograba pronunciar “Mari” y terminó bautizándola como Lali. Informa Voces Críticas.
Uno de los capítulos más entrañables está dedicado a los primeros años laborales de la artista, cuando comenzó a trabajar en Rincón de Luz. Majo describe jornadas largas y una rutina familiar ajustada al milímetro. “Nuestros días eran intensos, por la mañana los chicos iban al colegio y mi marido me llevaba a la parada de colectivo. Tenía hora y media de viaje hasta Olivos, tiempo que aprovechaba para hacer algún resumen para ayudar a Lali a estudiar a su regreso a casa por la noche”. Mientras tanto, el padre se encargaba de trasladar a la niña desde la escuela hasta las grabaciones, con un almuerzo preparado para comer entre escenas y letras que se aprendían sobre la marcha.
La logística familiar era compleja y demandante. “Lali quedaba en Martínez y me dejaba el auto en Olivos y se volvía para a las seis de la tarde ir a su trabajo, yo salía y buscaba a Lali”. Cada día era un rompecabezas que se armaba y desarmaba en función de horarios, viajes y responsabilidades, sostenido por el esfuerzo conjunto de toda la familia.
“El desgaste era enorme”, reconoce Majo en otro tramo del relato. “Las jornadas eran eternas, terminaban muy tarde. El retorno a casa era con Lali como una radio, contándome todo lo que había pasado en su día con entusiasmo, que decaía cuando llegábamos a casa a las diez y había que cenar, bañarse, estudiar”. En ese esquema, los hermanos también jugaron un rol clave. “Los otros hijos esperaban y bancaban esas modalidades, se las arreglaban solos, nunca hubo reproches. Hoy agradezco; gracias Ana y Pato”. Un cierre que resume el espíritu del libro: una historia de esfuerzo, familia y acompañamiento silencioso detrás del éxito.