INFLACIÓN DIBUJADA
El freno al nuevo IPC del INDEC impacta en jubilaciones, salarios y pobreza
ARGENTINA (Redacción Voces Críticas) La decisión del Gobierno nacional de postergar la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC no solo tiene impacto estadístico, sino consecuencias directas sobre los ingresos de millones de argentinos y sobre variables clave de la economía, como el Producto Bruto Interno (PBI) y los niveles de pobreza.
El actual esquema mantiene ponderaciones basadas en la Encuesta de Gastos de los Hogares de 2004, a pesar de que ya existe una versión más actualizada correspondiente a 2017/18. Esta demora provoca que el IPC continúe subestimando la inflación real, especialmente en rubros que hoy pesan mucho más en el bolsillo de las familias, como tarifas, transporte, salud y servicios privados.
Según explicó Alejandro Barrios, exdirector del organismo estadístico, la postergación no es técnica sino política. “Las nuevas ponderaciones ya están disponibles hace años e incluso la Ciudad de Buenos Aires las aplica. El retraso responde a que el Gobierno impulsó fuertes cambios en los precios relativos, como la quita de subsidios, y decidió no actualizar el índice hasta que ese proceso esté cerrado”, señaló.
El efecto inmediato es que el IPC oficial muestra subas menores a las que surgirían con la metodología actualizada. Esto impacta de lleno en jubilaciones, pensiones, AUH y asignaciones sociales, que se ajustan en función de la inflación medida por el INDEC. En términos reales, quienes dependen de estos ingresos pierden poder adquisitivo frente a un índice que no refleja el verdadero aumento del costo de vida.
Las consecuencias también se proyectan a mediano y largo plazo. Cuando finalmente se actualice el índice, será necesario recalcular variables históricas. El PBI real, al descontar una inflación mayor a la informada, resultará más bajo que el actual, lo que implicará revisar a la baja los niveles de crecimiento económico de los últimos años. En sentido inverso, los índices de pobreza se mostrarán más elevados, ya que los ingresos reales serán menores y las canastas básicas más caras.
Este escenario abre además un frente de conflicto financiero. Bonos ajustados por CER y créditos indexados por UVA podrían quedar bajo cuestionamiento, ya que su actualización depende directamente del IPC. Una inflación subestimada implica pérdidas para ahorristas, jubilados y tenedores de títulos públicos.
El impacto también alcanza al mundo del trabajo. Las negociaciones paritarias se realizan tomando como referencia la inflación oficial. Si el índice utilizado resulta inferior al real, los salarios quedarán retrasados y el deterioro del ingreso laboral se profundizará.
Las críticas no tardaron en llegar. El exdiputado nacional Claudio Lozano advirtió que “decidir cuándo y cómo medir la inflación abre la puerta a la manipulación de la estadística pública”. Según sostuvo, la demora en actualizar la metodología del IPC se suma a señales previas de inconsistencias en indicadores clave como pobreza, ingresos laborales y la Encuesta Permanente de Hogares.
Así, la postergación del nuevo IPC no solo afecta números y estadísticas: impacta de lleno en el bolsillo de los argentinos y compromete la credibilidad de uno de los organismos más sensibles del Estado.