2026-02-17

HISTORIA FAMILIAR

El hijo de Nazarena Vélez rompió el silencio sobre la tragedia que marcó su infancia tras la muerte de su padre

Con una madurez que sorprende, el adolescente abrió su corazón y repasó el duelo que atravesó desde muy pequeño
Por Redacción Voces Críticas

A pocos días de cumplirse 12 años de la muerte de Fabián Rodríguez, ocurrida el 24 de marzo de 2014, su hijo con Nazarena Vélez, Thiago, decidió hablar públicamente con una franqueza poco habitual para sus 15 años. El empresario se quitó la vida en medio de una profunda crisis económica vinculada a su productora Jaz Producciones, un hecho que dejó una marca imborrable en su familia y, especialmente, en el niño que entonces tenía apenas cuatro años.

El adolescente, fruto de la relación entre Rodríguez y Vélez, no solo evocó aquel momento que cambió su historia, sino que también se permitió reflexionar sobre cómo lograron reconstruirse puertas adentro. En ese recorrido aparece una figura clave: Santiago Caamaño, “El Bocha”, actual pareja de su madre, quien con el tiempo se convirtió en un pilar fundamental.

Lo considero como un padre, pero nunca le dije papá. Obviamente lo considero como si fuese mi viejo. No es fácil estar con un nene de cuatro años que perdió a su padre y acompañarlo en un proceso tan difícil. Yo estaba en segundo grado y El Bocha me acompañó en toda la primaria y ahora está viviendo conmigo en mi secundaria”, expresó Thiago, a quien Nazarena llama cariñosamente Titi. En sus palabras se percibe gratitud y un reconocimiento sincero hacia quien lo acompañó en los momentos más sensibles de su crecimiento.

Sin embargo, el vínculo no fue sencillo desde el comienzo. Como suele suceder en situaciones atravesadas por el duelo, la aceptación llevó tiempo. Para un chico que acababa de perder a su padre, abrirle espacio a otra figura masculina no era algo automático. Pero la constancia, la paciencia y el afecto hicieron su trabajo silencioso hasta consolidar una relación sólida. Informa Voces Críticas.

Tenía cuatro años cuando pasó todo. Cada tanto lo vamos a visitar con mi mamá al cementerio. Tres o cuatro veces por año vamos. Vamos para la fecha, que es el 24 de marzo, y después capaz para alguna fecha importante. Mi vieja en ese sentido fue súper flexible y me dijo: ‘Bueno, está bien, tu papá se murió. No te voy a obligar a que vayas todos los días'. Ella siempre me dice: ‘Titi, cuando lo necesites, sabés que estoy yo. Vamos, nos hacemos un huequito. No es que vamos a llorar o nada de eso. Vamos 15 minutos y listo’”, relató.

Sobre la manera en que procesa esa historia, el joven se mostró sereno y reflexivo: “Vamos, charlo con él ahí lo que puedo, así sean 15 minutos o 20. Depende del tiempo que yo necesite, pero sí, sí, sí. Lo voy a visitar y no lo voy a dejar de hacer bajo ningún punto de vista. No me acuerdo de él, sinceramente. En base a anécdotas y fotos, sé que era un buen hombre. Y bueno, en el alma lo sigue siendo. Me dio la vida para que yo después lo pueda conocer a El Bocha. ¡Así que imaginate! Creo que todo pasa por algo”.

A más de una década de aquella tragedia, el testimonio de Thiago no solo pone en palabras un dolor temprano, sino que también muestra el recorrido de una familia que, con tropiezos y aprendizajes, encontró la manera de seguir adelante. Entre recuerdos difusos, visitas al cementerio y nuevos afectos, el adolescente construye su identidad sin renegar del pasado, pero con la mirada puesta en el presente.

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