Vergüenza mundial: un país a la deriva

Es la radiografía que denuncia la decadencia cultural de una nación que ha perdido el rumbo
domingo, 25 de noviembre de 2018 · 09:12

Las bochornosas imágenes de un grupo de inadaptados apedreando el ómnibus que trasladaba a los jugadores del Club Boca Juniors son noticia en todos los portales del mundo. Es la radiografía que denuncia la decadencia cultural de una nación que ha perdido el rumbo y donde el respeto y el orden han sido desplazados por el vandalismo.

Las piedras arrojadas no llevan la pintura de uno u otro equipo, aquí ha perdido el país, que a una semana de recibir a los líderes más importantes del mundo muestra su incapacidad para controlar la seguridad de un partido de fútbol. 

Pero el problema es mucho más grave, los episodios del estadio de River Plate denuncian que las mafias tienen más poder que el mismo gobierno. La Argentina es un Estado indefenso, tanto en sus fronteras como en sus ciudades. No existe orden ni autoridad y el respeto es un concepto lejano, erradicado de los hogares, de las escuelas y de la sociedad misma. 

 

Hoy la anarquía se ha mostrado en toda su dimensión, denunciando que la Argentina es un país elemental y desprotegido. El que necesita expresarse mediante la violencia es porque carece de la educación más elemental y la ignorancia no reconoce colores, ni partidos ni clases sociales. Cuando la brutalidad se constituye en imperio es porque han fallado las políticas de estado que debían regir el camino de los pueblos. 

Las piedras arrojadas contra el micro de Boca Juniors no son de River Plate, son de todos los argentinos porque la vergüenza es nacional. Este era un partido que esperaba el mundo y a cambio quedó demostrado que ni siquiera existe el espíritu deportivo, sino el odio y el resentimiento, y que el caos tiene más vigencia que la seguridad, la barbarie puede más que la civilización, en términos de Sarmiento se ha retrocedido más de un siglo. 

 

A las piedras hay que sumar bombas y granadas dispersadas por la ciudad, graves síntomas de que el tejido social está dañado más allá de lo posible de manejar. Con la moral tan relajada y con  los principios rectores que todo ciudadano debe conocer perdidos, la Argentina ofrece un panorama sombrío. 

Cuando un país ha querido ponerse de pie, ha comenzado por una profunda reforma educativa que hoy se impone, aunque lamentablemente como es una inversión cuyos frutos no se ven inmediatamente, no se advierte en el horizonte que nadie esté dispuesto a emprenderla. Así está el país.

Editorial Voces Críticas

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