DÍA DEL TRABAJADOR

El Trabajo: la primera tarea humana y la herramienta de la libertad

El Día del Trabajo, más que una celebración debiera ser una invitación a reflexionar sobre la importancia social y espiritual que tiene para el hombre o la mujer el poder acceder a un trabajo genuino
miércoles, 1 de mayo de 2019 · 00:35

SALTA.- El mito bíblico en el Génesis relata que luego de la expulsión de Adán y Eva del Paraíso, Dios le impuso al hombre “ganar el pan con el sudor de su frente”. Desde aquellos lejanos episodios hundidos en la noche de los tiempos ha sido así, toda construcción humana fue resultado del esfuerzo, ya individual o colectivo. 

En los tiempos modernos el trabajo ha ido sufriendo las mutaciones propias que le impuso la dinámica de la técnica y formando parte de la llamada “cuestión social”. De hecho, el trabajo se halla en la base de los problemas sociales porque pasó y sobre todo últimamente, de ser un derecho, a ser una moneda de cambio de los sistemas económicos. 

Al convertir al trabajo en una variable económica, el espíritu del mismo se ha desvalorizado, ya no es la actividad que dignifica al hombre, sino un número que suma o resta en un presupuesto. De esta manera el sistema económico terminó atomizando al individuo y degradándolo en su carácter de persona, porque ahora no vale “per se” sino por cuánto insume de dinero, un dinero que es su derecho, pero que ahora se ha convertido en un gasto. 

Esta distorsión sobre el valor intrínseco del dinero y la reducción de la persona a una estadística, es la consecuencia de los graves problemas sociales existentes, ya que la gran mayoría en los países llamados “emergentes”, sobreviven antes que viven con el mismo o mayor esfuerzo. 

Se ha perdido la relación entre esfuerzo – recompensa en favor de la ecuación costo-beneficio de la empresa, que también ha perdido su sentido de responsabilidad social. Estos problemas fueron oportunamente denunciados por el Papa León XIII en Rerum Novarum a finales del siglo XIX, desde entonces hasta los días presentes, en distintas ocasiones, las Encíclicas han advertido sobre el valor, y a la vez sobre los riesgos de maltratar el trabajo del hombre. 

Esas consideraciones de los Papas nunca fueron tomadas en cuenta y por el contrario, hoy los trabajadores se encuentran frente a una situación desoladora: abandonados por sus gremios que compiten en la carrera de ganar y demostrar poder frente a los gobiernos, y por el mismo sistema de empleo que cada vez los reduce más, a una pieza de la maquinaria industrial o productiva. 

El Día del Trabajo, más que una celebración debiera ser una invitación a reflexionar sobre la importancia social y espiritual que tiene para el hombre o la mujer el poder acceder a un trabajo genuino, porque así se dignifica y tiene oportunidad de crecer junto a los hijos, de realizarse como ser humano. 

La defensa del trabajo se ha convertido en una tarea casi individual que tiene un nombre: capacitación. La dinámica de la época exige capacitarse para generar capacidad diferenciada que es el nuevo valor agregado del trabajo. 

Sólo comprendiendo esta realidad y dándole al trabajo la categoría trascendente que posee, se puede pensar en un país con futuro, caso contrario, mientras se continúe pauperizando las condiciones laborales, sólo se podrá aspirar a continuar siendo nada más que una colonia económica.

Editorial Voces Críticas

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