Tu voz, nuestra razón de ser.
sábado 4dejuliode 2026

EDUCACIÓN

Pobreza lingüística: una problemática que afecta a muchos y pocos lo notan

¿Cuál es la importancia que le damos al aprendizaje de nuestros chicos?
Pobreza lingüística: una problemática que afecta a muchos y pocos lo notan
Pobreza lingüística: una problemática que afecta a muchos y pocos lo notan
Por Redacción Voces Críticas
sábado 11 de mayo de 2019

SALTA.- Hace un tiempo escuchábamos en los medios de comunicación la expresión de un niño: “Mamá, tengo hambre de agua”. Más allá de la evidente carencia de lo elemental para la supervivencia y el extremo riesgo social en el que se encontraba este pequeño, como tantos otros, esta expresión ponía de manifiesto otra “carencia”, otra pobreza que no se sopesa en su real dimensión, la de las palabras… Pobreza lingüística, que podría afectar su vida futura de no mediar acciones de los adultos para atender y “nutrir simbólicamente”, torciendo así un destino, que para muchos niños en riesgo social y cultural, parece inexorable.

Todos sabemos de la importancia de la nutrición biológica y emocional en los primeros años de vida de un niño para poder desplegar las conexiones corticales, el potencial con que nace cada uno, favorecer la constitución de la subjetividad y la creación de lazos sociales que le permitirá desplegar un proyecto vital propio. Pero poco se habla sobre la vital importancia de las palabras en esos primeros años, que determinarán un mejor o peor futuro emocional, psíquico, social, cognitivo, escolar y laboral.

Tras numerosas investigaciones luego de muchas horas de observación de interacciones entre adultos (padres, educadores, cuidadores) y niños provenientes de un amplio espectro social, económico y cultural, se confirmó el estrecho vínculo existente entre desarrollo lingüístico y desempeño escolar que se cimenta en los tres primeros años de vida de un niño y continua mucho tiempo después. Las conocidas investigaciones de Hart y Risely (1960) registraron que padres de nivel profesional les dirigían más de las 3.000 palabras por hora a los niños, mientras que aquellos de clase media solo 1.500, en tanto padres de clase obrera sin educación formal, solo 500 palabras en el mismo tiempo. 

Del mismo modo se constató que a niños de hogares acomodados se les hablaba 40 minutos de una hora, y aquellos dentro de sistemas de protección social solo se les hablaba 15 minutos de esa hora durante las actividades cotidianas, cuidado biológico, alimentación, etc. Así también revelaron que los padres profesionales eran más proclives a hablarles más y mejor a sus niños en comparación con aquellos padres provenientes de niveles socioculturales más carenciados o en riesgo social. Esta riqueza de palabras amplía las posibilidades de los niños de tener un mejor desarrollo emocional, simbólico y académico, en especial el vinculado a la alfabetización y grados superiores de comprensión y expresión lectoescrita.

Por otro lado, aquellos niños provenientes de niveles socioculturales medios, bajos o en riesgo social y/o emocional que obtenían una adecuada “nutrición de palabras”, tenían semejantes posibilidades de mantenerse en el sistema educativo y egresar de él con los recursos necesarios para obtener trabajos más calificados e incluso completar una formación superior, sin olvidar una mejor modalidad de relación con los otros y consigo mismo. 

Estos datos, si bien ponen énfasis en la cantidad de palabras que se intercambian con los niños en el día a día, también hacen referencia a la calidad. Algunos padres usan lo que se conoce como “lengua fáctica” (Marié Bonnafé, 2003), por ejemplo, “Ven”, “Así no”, “Basta ya”, “Haz la tarea”, “Come”, etc. Mientras otros padres usaban más frecuentemente una “lengua del relato”, narrando las situaciones que vivían, construyendo un diálogo fluido y alternado con lo que decían los pequeños, enriqueciendo los dichos e intereses de los niños con historias familiares o experiencias transmitidas con un lenguaje accesible y variado. La “lengua del relato” permite hablar del pasado, el presente y el futuro ayudándole al niño a ubicarse temporal y espacialmente, organizando sus acciones, reconociendo emociones propias y de los otros, negociar, organizar funciones corticales superiores, enriquecer su nivel lingüístico en todos sus aspectos (semántico, morfo-sintáctico, gramatical, pragmático, fonológico, fonético) , entre muchos otros desarrollos.

Estos datos representan solo la punta del iceberg, ya que las habilidades lingüísticas representan un eje transversal que atraviesa todas las áreas de desarrollo de un niño. El lenguaje es algo que distingue las interacciones humanas, promueve el desarrollo del pensamiento, despliega la capacidad de reconocer emociones en sí mismo y en los otros, interactuar con otros, constituir su subjetividad, habilidades sociales tales como negociar, convencer; así también, divertirse, aprender, y es un elemento fundamental para que todo niño pueda no solo permanecer en el sistema educativo formal, sino para poder continuar su formación a lo largo de su vida y superarse continuamente pudiendo aspirar así a mejores y más calificados puestos de trabajo. 

En síntesis, niños con un pobre desarrollo del lenguaje tienen riesgo de:

- Fracasar en el aprendizaje de la lecto-escritura

- Tener menos logros educativos y académicos

- Presentar dificultades en interacciones socio-emocionales

- Tener mayores dificultades para una inserción laboral óptima

Por Cinthia Sprenger (Logopeda /Terapeuta Hanen/ Prof. De Sordos /Atención temprana centrada en la familia)