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ADIÓS AL RESPETO QUE SUPIMOS CONSEGUIR

Día de la Bandera, Manuel Belgrano y lenguaje inclusivo: la estrafalaria manipulación de la historia

El atrevimiento en esta sociedad ya arrasó desde tiempo atrás con el decoro y las buenas costumbres, no existe el límite que supieron cultivar nuestros mayores

Belgrano. Fuente: Twitter
domingo 21 de junio de 2020

ARGENTINA.- (Por Carolina Mena Saravia) A 200 años del paso a la eternidad del general Manuel Belgrano, Argentina se aprestaba a celebrar en pandemia, pero celebrar al fin, múltiples actos por el Día de la Bandera. Desde tempranas horas de la mañana se veían algunos frentes de residencias embanderados, nacionalistas y románticos compartían por las redes sociales las estrofas de la “Marcha a mi bandera”, “Aurora” o “Saludo a la bandera”, todo un derroche de júbilo patriótico.

Doscientos años transcurrieron desde la muerte del abogado, periodista, diplomático, economista, militar y prócer argentino de la independencia, cuyo valor y acción constituyen el ideario del manual del buen saber, proceder y ser en tiempos de la independencia. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y González merece el recuerdo y la gloria.

Dejó su vida, su fuerza y su lucha por los deseos de libertad de una patria que nacía en medio de grandes conflictos y solapadas luchas. Nada de eso menguó el ánimo de uno de los próceres sobre los que se erigieron los pilares de nuestra independencia, sí cercenó su salud al punto de morir en la más absoluta pobreza, legando su reloj de oro esmaltado, su más preciada pertenencia, obsequio del rey Jorge III de Inglaterra, al doctor Joseph Redhead, su médico personal.

En este 20 de junio de 2020, año pandémico en todo sentido, sanitario, moral y económico, sucedieron hechos para todos los gustos y paladares, pero lo más indecoroso fue la falta de respeto con que se trató a nuestro prócer en el acto central llevado a cabo en Rosario. Un cocoliche “muy conmovido y emocionado”, dizque “actor”, según las crónicas periodísticas, irrumpe en escena en el recordatorio desierto llevado a cabo en el Monumento a la Bandera de Rosario.

Para sorpresa de todos, y ante la mirada impávida del gobernador de Santa Fe, Omar Ángel Perotti,  el actor disfrazado de Manuel Belgrano expresaba: “Muy conmovido, muy emocionado que sean ustedes, los argentinos, las argentinas, que hayan prometido por esta bandera que es de todas, todos y todes”.

El atrevimiento en esta sociedad ya arrasó desde tiempo atrás con el decoro y las buenas costumbres, no existe el límite que supieron cultivar nuestros mayores, y este numerito barrial culmina por enterrar lo que al menos hasta ahora persistía: el respeto por la memoria de quienes forjaron nuestra nación.

A este improperio se sumaron varias voces, desde discursos como el del intendente de Berazategui, Juan Patricio Mussi, que en el acto local también eligió utilizar el lenguaje inclusivo, aunque guardó la decencia evitando la caracterización de nuestro vapuleado creador de la bandera. Paradójicamente, en este magno día donde se busca recordar la figura y los hechos que llevaron a Belgrano al pedestal de la gloria, su memoria fue indignamente vapuleada.

A la manipulación de la verdad histórica y pluralidad de “mises en scene” populistas también se sumaron artículos periodísticos tergiversando los valores de Belgrano, al punto de llevarlo al extremo de las ideas de cada uno de los autores, con ediciones de videos “ad hoc”.

Echando mano a la férrea formación académica de historiadores de fuste y transmitida ancestralmente en un estricto canon, surgen como azotes una variopinta secuencia de interrogantes: ¿dónde está la objetividad de la historia enseñada en los claustros educativos? ¿Esa circunstancia pasó también a ser una entidad del pasado? Hoy, más de un “historiador” ni siquiera se sonroja al expresar las “supuestas” ideas del prócer de turno a recordar, sin tener en cuenta el rigor histórico y obviando de cuajo el contexto real, político y social, el marco esencial de la obra en la que se pincelan los hechos y razones que concatenan el giro de la vida misma de cada personaje.

Hoy fue un día muy especial pero, para infortunio de la memoria de Manuel Belgrano, un día aciago, donde algunos atrevidos tomaron la parte del todo que constituye la historia, destejiendo la madeja a gusto y paladar del pensamiento que el prócer construyó con sangre, sudor y lágrimas, al punto de entregar su vida al Creador a la edad de 50 años, en la más vil de las condiciones.

El general Belgrano fue un estadista que supo desempeñar los roles que el destino le impuso, versátil y auténtico llegó a convertirse en un militar de fuste, respetado y admirado por generaciones. La vulgaridad del día de hoy no lo alcanzó, su memoria se yergue mucho más allá de los confines de este ridículo que algunos supieron conseguir.

Sería justo considerar que el alma del creador de la bandera pudiera expresar su hondo sentir si hubiera visto algunos números del cabaret patriótico montado en su tierra el día de hoy, 20 de junio, su fecha por derecho propio, en este ciclo que se ha dado en llamar “Año del General Manuel Belgrano” por decreto del Gobierno nacional, a costa de su figura.

Hubiera sido propicia la ocasión para que irrumpiera de una buena vez en escena, como un émulo del rey Hamlet de la obra homónima de William Shakespeare, el mismísimo Manuel José, para pedir la reivindicación ecuánime y objetiva de su genio y figura, aquel que la historia lo llevó a ser y no el que muchos progres quieren que sea.

 

 

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