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HISTORIA REAL

Tras 20 años se revive el dolor oculto detrás de la boda de Máxima Zorreguieta y Guillermo de Holanda: ¿el día más feliz?

La reina de los Países Bajos vivió un día de ensueño al casarse, pero también cargó con una profunda tristeza que aún la conmueve
Por Redacción Voces Críticas
miércoles 05 de noviembre de 2025

El 2 de febrero de 2002, Máxima Zorreguieta y el príncipe Guillermo de los Países Bajos sellaron su amor en la majestuosa catedral Nieuwe Kerk de Ámsterdam, en una ceremonia que desbordó emoción y alegría nacional. Las calles se tiñeron de naranja, los canales se cubrieron de flores y millones de holandeses celebraron la llegada de una argentina al corazón de su monarquía. Sin embargo, tras la sonrisa radiante de la novia, había una tristeza profunda: la ausencia de su padre, Jorge Zorreguieta.

El Parlamento neerlandés había decidido que el padre de Máxima no podía asistir al enlace. Su participación como funcionario durante la última dictadura militar en Argentina desató un fuerte debate político. Los legisladores concluyeron que tenía una “responsabilidad moral” en los crímenes del régimen, aunque nunca fue condenado judicialmente. La medida fue inamovible y, en un gesto de solidaridad, su esposa, María del Carmen Cerruti, también optó por no viajar a Holanda.

Máxima Zorreguieta

Mientras más de mil invitados presenciaban la boda y unos 900 millones de personas la seguían desde sus hogares, los padres de Máxima miraban la ceremonia desde Londres. Ante la imposibilidad de que su padre la acompañara al altar, la princesa caminó junto a su futuro esposo, cumpliendo una antigua tradición holandesa. Su hermano fue elegido como padrino, en un intento de mantener la cercanía familiar pese a la distancia. Informa Voces Críticas.

Máxima Zorreguieta

Durante el servicio religioso, el reverendo pronunció una frase que conmovió a todos: “Sin sus padres, Máxima no hubiera podido ser lo que es hoy”. Pero el momento más recordado llegó cuando el bandoneonista Carel Kraayenhof interpretó Adiós Nonino, de Astor Piazzolla. La princesa había elegido ese tango en homenaje a su padre, y las lágrimas que corrieron por su rostro quedaron grabadas para siempre en la memoria de Holanda. Aquella melodía marcó un puente simbólico entre su tierra natal y su nueva vida en Europa.

Máxima Zorreguieta

Con el paso de los años, las heridas comenzaron a cerrarse. En 2005, Jorge Zorreguieta fue autorizado a participar en el bautismo de su nieta Alexia, segunda hija de Máxima y Guillermo, en una ceremonia privada en Wassenaar. No obstante, volvió a quedar fuera de un momento histórico: la coronación de su yerno en 2013, cuando Beatriz abdicó y el príncipe se convirtió en rey.

A pesar de la distancia y las restricciones protocolares, el vínculo entre padre e hija se mantuvo firme. En 2016, Máxima lo acompañó en una disertación en la Universidad Católica Argentina. Al año siguiente, el 7 de agosto de 2017, Jorge Zorreguieta falleció a los 89 años, y su hija viajó especialmente a Buenos Aires para despedirlo. Dos décadas después de aquella boda que la consagró como reina, la ausencia de su padre continúa siendo la herida más profunda en la historia personal de Máxima.