El hombre se inclina en lo alto de la grúa. Día soleado, sin viento, otoño hermoso en este puerto de Buenos Aires. En una radio se escucha una voz chillona que dice: “Nosotros sabemos que las cosas están mal, pero la gente va a optar por lo institucional”.

Debajo de la estructura de hierros entrelazados y remachados, preparada para resistir pesos enormes, personal de uniforme azul se mueve en semicírculo mirando hacia arriba a esa persona inclinada. Agitan las manos levantadas, no se entiende muy bien. La voz en la radio continúa con su discursillo ante los medios: ”Es un momento duro pero las cosas en algún momento van a mejorar, este es el camino

Mirá también

Los adoquines hablan de un piso antiguo, vaya uno a saber de cuándo y las vías por sobre las cuales se mueve la grúa, con su óxido instalado nos remite a algún Quinquela Martín de principios del S.XX, pero no, ¡esto sucede ahora! El hombre en lo alto se aferra a los fierros que hacen de baranda, pantalón de vestir, camisa mangas cortas, más bien relleno, canoso, el señor andaría terminando los 50. La voz en la radio continuaba taladrando su letanía: “Es más difícil de lo que esperábamos, pero la gente sabe que no se puede volver atrás” Gracias Vicepresidenta, respondió un entrevistador.

Los gritos de los uniformados no fueron suficientes para conjurar la amenaza.

El hombre desde la altura se zambulló sobre el pavimento. Las figuritas de azul se agarraron las cabezas, alguna se dio vuelta para no observar el cuerpo ya fulminado. La leyenda del video que me llegó hoy 7 de marzo de 2019 rezaba “Un empresario de compañía de cargas se quita la vida acosado por las deudas y su quiebra” o algo por el estilo.

Eligió una de sus máquinas como cadalso, como esas estructuras medievales donde se colgaban a los bandidos para que todos los vieran. Como mensaje a todos. ¿Qué mensaje? En la larga lucha entre la producción y la especulación que regresó con fuerza al país de la mano de CAMBIEMOS, fue solo un daño colateral, un evento más, un débil, un “sin mérito”.

En junio de 2017, en la sede del ANSES de Mar del Plata, Rodolfo Estivill, de 91 años, se pegó un tiro en la cabeza al grito “Así no puedo vivir más”. La soledad y las dificultades económicas que comenzaba a vivir como jubilado lo llevaron a terminar trágicamente con su vida. En las escaleras de ANSES, para dejar un mensaje, otra vez ¿Qué mensaje? En la larga lucha entre imponer la exclusión sobre la inclusión yo me siento abandonado a mi suerte. Mi mala suerte de ser viejo.

“No podemos volver atrás” pero es lo que precisamente han logrado. Todos los indicadores nos mandaron al 2001 incluso al ‘76 en lo económico. La peor deuda de la historia. Un horizonte de sacrificios, décadas de sufrimiento garantizado. Si continuamos con las mismas políticas no tengo por qué ser optimista. Y ante el mundo, a los gritos, en el Congreso ratificó el rumbo que nos condujo a esta dramática realidad aunque después la corrigiera “para la tribuna” en el mismo discurso. “No vamos a ser demagógicos” gritó, poniendo cara de chico malo nuestro Presidente. A continuación afirmó que les aumentaba el 46% las Asignaciones Universales por Hijo. La única propuesta fue salvar su estabilidad con una herramienta del Gobierno anterior, porque ellos no tienen más herramientas. No les interesa. Pero en este caso solo por demagogia, porque a la AUH la viene devaluando desde el primer día, solo que hoy el miedo los gana.

Y sus amigos, sus aliados, sus socios de la vida, sus compinches del golf. Aquellos que iban a aportar la lluvia de inversiones leyeron lo que tenían que leer. Este Gobierno, aconsejado por el FMI y sin proyecto, está a la deriva. El dólar sube más de 5% en 5 días. Y nada lo para por el momento.

Y la gente sigue muriendo. En los supermercados el hambre comienza a apretar tanto que ni las organizaciones sociales, esa red formal/informal que al decir de algunos contiene al pueblo porque si no el pueblo “sale”, al decir de otros operan para el gobierno dilatando una situación gravísima que el tiempo solo puede empeorar, estas organizaciones de la economía popular digo, comienzan a quedar chicas ante el desafío y ya no pueden contener. En los supermercados se ven discusiones por una simple oferta de milanesas y las redes muestran la verdad, la única realidad.

En Salta las ferias de usados y trueque se multiplican, clavos oxidados por puñados, cuchillos con varias vacas a cuesta, zapatos que llegaron allí luego de leguas, tramos de cable eléctrico sobrante de alguna obra o arrancados de alguna calle desierta, licuadoras que le hicieron el batido a Rocky 1 todo entreverado con una carretilla sin ruedas, útiles escolares algo gastaditos, la soldadora de arco del taller cerrado y ropa de todo tipo, talle y color.

A su lado, las ferias heredadas del Programa de Precios Cuidados con comida fresca se ven colmadas de familias tratando de hacer rendir sus ingresos. Ingresos a los que cada vez el mes les queda más grande. En las caras de los compradores se ve la angustia y lo que era alegría se transformó en seriedad. La Feria dejó de ser una Feria, con su alegría típica, para transformarse en un Mercado a cara de perro.

Y lo más doloroso. Los comedores infantiles. En Vaqueros, una localidad en las afueras de Salta, en 2017 apareció el primero después de años de ausencia. Hoy son 4 y sus habitués aumentan en número todos los días. Que un político salga en cámara diciendo con una sonrisa que están atendiendo “tantos” comedores me da bronca. Cada comedor es el fracaso de la política.

Y el Presidente Macri, con su rictus tenso, su mirada oblicua, su sonrisa irónica y el puño al aire nos grita que vamos a seguir por este camino. ¡Cuánto dolor nos anticipa, nos regala! ¡NO GRACIAS!

Una semana después de este discurso el empresario tomo una decisión y mandó un mensaje claro. Que todos sepan que este es el destino de estas políticas. No otro. No se puede más. Hay que cambiar ahora y aferrarse a los controles de la grúa, a la baranda de la vida. Hay otra política y es diametralmente distinta de la actual. Pero la decisión de cambiar la tomamos todos ahora, lo antes posible o el Presidente nos seguirá gritando.

El lapso entre que abandonó la máquina y llegó al suelo fue muy breve. Ese es el tiempo que nos queda a todos si no empujamos (me da miedo decirlo) el cambio urgente. ¡Hay que actuar ya! Existe otro camino.

Por Félix González Bonorino para Voces Críticas