SALTA.- Parafraseando al involvidable Gabriel García Márquez, el título de su séptima novela que fue llevada al cine interpretada por Anthony Delón y Ornella Muti, la fuga del cuñado del ex Juez Federal de Orán, el abogado Eladio ”Yeyo” Gaona, en plena realización del juicio oral lleva al convencimiento de que cuando las conjeturas se vuelven certezas, la desilusión y la desazón se magnifican de un modo inabarcable.

Quien escribe estas líneas ha denunciado hasta el hartazgo que la duración del juicio y la libertad de todos los imputados, a excepción del ex magistrado, daban pábulo a que suceda lo que finalmente aconteció.

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Curiosamente, en un caso de resonancia internacional como el “affaire” Reynoso no se escuchó protestar a ningún funcionario nacional, que por un hecho mucho menor alzaron sus voces inflamadas anunciando que hasta le pedirían juicio político a una jueza que había liberado a un motochorro.

La prédica constante de que se quiere luchar contra el narcotráfico nos muestra, una vez más, que es sólo eso: un módica perorata coyuntural, cuando en realidad sería bueno que algunas personas leyeran en otro libro del ilustre colombiano: Noticia de un secuestro, para que se den cuenta y se percaten de una vez, que mientras el Estado retrocede, permite o no se atreve a realizar reformas profundas en el sistema de justicia y en el de seguridad, todo lo que se diga o haga será vacuo.Mientras tanto, las mafias del narcotráfico avanzan a paso indetenible y cada uno de los responsables en luchar contra ese tenebroso flagelo, miran hacia otra parte.

Desde hace meses he señalado en cuanto medio se puso a mi alcance, que la duración del juicio contra la banda que supuestamente lideraba el ex juez federal, no solamente era desmesurada, sino que también resultaba inexplicable, pues únicamente se celebraban audiencia de juicio los días lunes ¿Acaso un asunto de esta envergadura debía ventilarse por episodios como si se tratara de un culebrón televisivo?

Quienes asistieron al juicio, en particular los representantes de los pocos medios que lo cubrieron, relataron que los testigos estaban mezclados en un pasillo con los imputados, de tal suerte que la seguridad de los testigos y la libertad de sus declaraciones estaba seriamente comprometida, desde el inicio.

El Fiscal del juicio advirtió fundadamente que los imputados en libertad estaban en riesgo de fuga inminente, pero a nada ni nadie pareció importarle este aviso, que por otra parte, hace al recto ejercicio del cargo que le fue conferido. Nadie se enojó como ocurrió con la jueza que liberó al motochorro ante un episodio que constituye el mayor escándalo de la historia del Poder Judicial en la Argentina.

¿Qué más debe pasar para que los poderes constituidos reaccionen? Otro ex juez federal condenado a seis años de prisión por cohecho, debido a que liberó ilegalmente a un narcotraficante, también con vinculación en la causa Reynoso, se pasea ufano por los pasillos de Tribunales en Salta, como si nada pasara, sin cumplir su condena.

Sonríe y agita sus brazos como aspas en abierto desafío a la justicia y la ética colectiva. Ese ex magistrado litiga sin el menor inconveniente. Tampoco se escuchó a ningún funcionario levantar su voz ante semejante afrenta a la sociedad en su conjunto.

La fuga de Gaona pone en riesgo la continuidad del juicio y si cae ese proceso será una monstruosa ignominia que dará lugar a que muchos titulares de periódicos con letras de molde, nos pongan en evidencia ante el concierto internacional sobre la negligencia o la liviandad con la que se toman algunos asuntos en nuestro país.

Si queremos un país serio. en donde impere la ley y la justicia, la seguridad jurídica y la equidad. se deberán ajustar varias clavijas flojas, que ante el asombro colectivo permiten que se burle un proceso penal con la mayor impunidad y tranquilidad. Seguramente, y dicho con la mayor tristeza, en esta oportunidad no se oirán ni gritos airosos, ni encumbrados funcionarios con gestos adustos y voces flamígeras pidiendo sanciones, ante un hecho que no solamente debería escandalizarnos, sino que debería deparar urgentes y profundos cambios para que nunca más vuelva a ocurrir.

Por Abel Cornejo para Voces Críticas