SALTA.- El sonido de la cuchara contra el fondo de la tacita no escapaba de la mesa. Concentrado, el gordo Norbi revolvía ese cortado como si de él dependiera una pócima secreta, como si de esa espuma misteriosa fuera a surgir un duende o un mago persa de Las Mil y Una Noches que le leyera el futuro. El rulo de hilos de café iba oscureciendo la espumita. El gordo se detiene y sin sacar la cucharita del pocillo abre un sobre de edulcorante, lo agrega con cuidado a la pócima y continúa su reflexiva actividad.

Norberto había sido Norberto hasta los 8 o 9 años y por insistencia de la abuela que no quería que lo molestaran por todos lados, pero después fue inútil. Al gordo no le decían gordo caprichosamente. Siempre le habían dicho así, en la escuela, el barrio, la casa y desde hace unos años había hecho méritos para conservar ese apodo hasta el fin de sus días. La gravedad, esa fuerza invisible que nos atrapa y deforma lentamente, lo hizo marcar récords en la balanza de la farmacia, pero él lo llevó siempre con prestancia. En los picados jugaba de arquero y hacerle un gol se había transformado en un desafío y encima pateaba fuerte el desgraciado, así que al final nunca le pesó el apodo. Ahora sentado allí en ese bar de mesas redondas, el Gordo levanta la mirada contemplando a su interlocutor con un solo ojo. “Flaco, esto no pasó”, dijo.

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Al otro lado de la mesa el Flaco, Largo, Vela, Fido, Traca traca y mil apodos más hacían honor a su figura y a sus hábitos. Toda la ropa le quedaba holgada, los pantalones, atrapados por un cinturón finito que liberaba una punta larga más allá de la presilla, hacían un acordeón en la cintura y la remera flameaba como bandera de barco. Era tan flaco que hasta las medias le quedaban grandes y se le arrugaban en los tobillos. El contraste era asombroso incluso en sus pedidos, el Flaco se estaba comiendo un completo de milanesa así de grande con una gaseosa de litro, de ahí el Traca traca que le habían puesto. El Flaco se frenó justo antes de pegar la mordida “Tranquilo, tumba soy”.

El Gordo retomó el hilo “Viste que la mano cambió de sentido, este Macri se cae a pedazos, no tiene ni un número a favor y siguen las corriditas con el dólar que no anticipan nada bueno, la gente no llega a fin de mes y para colmo cada vez que reclaman, la cana los caga a palos”, “umjú” contestó el Flaco con la boca llena. “Bueno, eso impactó en Salta macho, 2 candidatos a Presidente tenemos y ni uno a Intendente, ¡somos capísimos!, bueno ahora parece que quieren achicar el número de candidatos a la gobernación”. “¿cómo?” el Flaco se tiró sobre la mesa, “pero no pueden”. “Tranquilo” siguió el Gordo. “Esto no pasó, acordate. Imagínate que a Gustavo lo llamó Juan Carlos y le dijo que el candidato de ellos era el Flaco, no vos no, otro Flaco, así que se tenía que bajar, así como lo puso lo baja. ¿Te imaginás? La viene remando entre los baches y las inundaciones desde hace 3 años y ahora le piden que se quede en la Muni y no quiere, claro. En la otra vereda, bueno, es una manera de decir otra vereda, Juan Manuel lo habría llamado a Miguel para decirle que no es su candidato, Traca, estas son todas suposiciones, no pasó nada de esto. ¿Quién sería el candidato de Juan Manuel? El mismo Flaco del otro, ¿qué casualidad no?”.

La impecable sonrisa de Traca traca se hizo cómplice agregando: “Y qué ‘habría’ dicho Miguel, ¡otra vez no!”. “Es que acá viene lo interesante de esta ensalada, que por supuesto no pasó, Miguel se resiste a haber llegado al techo de su carrera, vos viste como es, siempre quiso ser Gobernador y ahora está a 30 pasitos, literales, bueno parece que no se resigna y comenzó a colocar carteles un poco para decir acá estoy yo y ver si ante el escaso éxito del Flaco en las encuestas, al final queda. Si esto hubiera pasado cuántas úlceras, ¡jaja!”

El cortado ya había desaparecido de un solo sorbo, la gaseosa seguía en su sitio. El Flaco se aleja de la mesa y estirando las piernas le pregunta: “Gordo y ¿cómo ‘seguiría’ esto que no pasó?”. La servilletita con que el Gordo se acababa de limpiar la boca parecía absurdamente chiquita entre sus dedos y más cuando la hace un bollo y la tira sobre la mesa: “están todos que vuelan. Gustavo se encuentra con las manos vacías, sin respaldo, pero justo aparece Alfredo” “¿Alfredo, el candidato de Dios?” canta el Flaco.

EL Gordo lo mira, con los dos ojos ahora, como para que no grite. “Alfredo, el mismo. Es que se le estaba pudriendo todo en Baires. Primero que no lograba subir en las mediciones, después apareció salpicado con el quilombo de D’Alessio, lo acusan de homicidio culposo por el accidente de autos, en sus últimas entrevistas en los medios nacionales se encontró con una resistencia dura a su versión evangélica amarillo patito y lo estaban tomando para la chacota y además hay que financiar, así que se apuró a desaparecer de Baires, volvió al rancho de su viejo y se juntó con Gustavo y van a desafiar a sus “jefes””, el Gordo hace comillas con sus dedos gordos y no podés no imaginarte la marca gorda que dejarían en el pizarrón sin reirte.

“Pero eso no es todo. Gustavo en su situación de debilidad, una gestión basada en actuaciones en las redes, discursos a los gritos, recitales, con acusaciones de facturas truchas y también la historia extraña esa del cafecito con Stornelli, que yo te aclaro que dudo mucho, con mediciones bajísimas en el interior, sigue buscando auxilio y solitos le aparecieron los de la diáspora radical, los Posadas y su Pluralidad se juntan con él para “armar” una propuesta. El problema es que ¡son todos Macri! Y hoy Mauricio es más pesado que una ensalada de rieles”, el Flaco terminaba de masticar la última porción de su milanesa y pregunta: “¿Pero los Posadas no eran Urtubey boys? Que bolonqui Gordo” intercala el Flaco entre mordisco y mordisco.

“Y después tenés al PJ, que siempre pesa”, larga el Gordo. Ahí contraatacó el Flaco: “Si pero eso depende de lo que haga el Indio y viste que todos lo dan por muerto al Indio, lo mandan al paredón de fusilamiento, pero termina ganando la interna con su estructura rentada propia y si no la gana entra y con la caja de la Legislatura retoma la centralidad que a él le gusta tener. Yo creo que a Gustavo, en esta hipotética situación, le va a costar separarse de Macri, primero porque se la pasó 3 años elogiando a sus amigos Frigerio y Mauricio y segundo porque si no va con el Gobierno Nacional, de ¿dónde va a conseguir la guita? Y acá se juega todo junto, Gobernador y Presidente”. “A menos que intervengan el Partido” lanzó el Gordo sin levantar la mirada de la mesa. “Ahí todo cambia”. La mesita redonda sonó como un tambor con el tamborilleo de los dedos.

“¿Y qué dice el Oso a todo esto?”, pregunta el Flaco, “ni mu, esperando que paren de dar vueltas los dados para ver quienes quedan parados, viste que van por la ‘unidad’ contra el espanto nacional, bueno en Salta parece que vamos a tener grieta a full con un espectador de lujo bancado por los juanes y el banquero, pero Flaco, esto no pasó”, “no, claro ¡Tumba soy!” responde el Flaco.

“Ché Gordo, ¿te imaginás la cara de Gustavo si lo llamara en serio Juan Carlos?”, “Flaco no des ideas, no des ideas, que después te gastan por delirante” las carcajadas hicieron temblar los vidrios del bar y partieron mientras el Flaco se llevaba la galletita del café del Gordo con un: “para el camino, por si me da hambre”, “vos siempre tenés hambre, chau”, “Chau Norbi”

Por Félix González Bonorino