SALTA- Dentro de dos años se conmemorarán los doscientos años de la muerte de Güemes, un episodio que, aunque hayan transcurrido dos siglos, todavía tiene consecuencias y un alto impacto en la región. Cuando se observan las postergaciones en el desarrollo de regiones como el NOA y el NEA, las diferencias cada vez mayores entre los centros urbanos y los puntos más alejados de nuestro país, es donde la historia, cual maestra señera, nos muestra descarnadamente la importancia que tuvo la mirada del primer líder político que lucho no sólo por la independencia, sino por una auténtica identidad nacional. Muchos se conforman o creen honrar a Martín Miguel de Güemes sosteniendo que fue el defensor de la frontera norte. Primer error. Nuestra actual frontera con Chile, Bolivia y Paraguay, no era hace dos siglos la misma.

En la visión güemesiana esa frontera se extendía hasta las márgenes del rio Desguadero, uno de los límites actuales entre Bolvia y Perú. Es decir que en esa mirada, la patria que imaginó el héroe gaucho era territorialmente mucho más grande que los confines de la Argentina actual. Distinto es, si se dice que Güemes fue el antemural que los españoles jamás pudieron sortear para recapturar Buenos Aires. Allí la figura del héroe se agiganta a límites inalcanzables, porque con sus escuadrones gauchos, sin ningún tipo de ayuda, vencieron a cuatro invasiones que sitiaron la ciudad de Salta las legiones españolas que venían de derrotar al ejército de Napoleón Bonaparte en la guerra de independencia de España. Los gauchos de Güemes fueron la expresión del pueblo en armas que conducidos por el adalid de la libertad no conocieron descanso, pausa, ni medida y triunfaron en la Guerra Gaucha escribiendo uno de los episodios más extraordinarios de la independencia argentina. Así lo consideraron, entre otros Dalmacio Vélez Sarsfield y Juan Bautista Alberdi.

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Sin embargo, Güemes no fue solamente un eximio conductor militar y un hábil estratega, al que el general San Martín le confió el flanco derecho de la avanzada que debía trasponer el Alto Perú y llegar a Lima. La muerte segó el destino de Güemes e indirectamente San Martín también perdió fuerza ante Simón Bolívar y esa epopeya quedó inconclusa. Fue también un director de voluntades, un líder político venerado por los más necesitados que lo llamaron el Padre de los Pobres. El creador del Fuero Gaucho que permitió que los gauchos adquiriesen pequeñas parcelas para la labranza como pago por sus acciones guerreras. Por eso Joaquín Castellanos, gobernador que reivindicó la figura de Güemes después de un prolongado silencio, al rendirle homenaje a los cien años de su muerte dijo: “Salta no tiene en su historia más caudillo que Güemes, que fue el caudillo inmaculado, salvador de la nacionalidad y campeón de la Patria desde la primera hora, en que, niño todavía, se hizo soldado, hasta la última hora de su vida, breve en el tiempo, pero vasta en prodigios de virtud ciudadana. Y esa característica de jefe evolucionado de multitudes, de caudillo superior, ha quedado como un antecedente y una norma en nuestra Provincia. Fracasado el Congreso de Tucumán en sus propósitos de Asamblea Constituyente, propició la reunión de un nuevo Congreso en Catamarca, para que se organizase el país, dándole una Constitución Federativa”. Si hoy la Argentina tuviera esa organización federativa, no sería un mero hecho declamativo, sino que todas las regiones del país hubiesen tenido un desarrollo más armónico e igualitario, lejos de las oprobiosas privaciones y postergaciones que sufren los habitantes que viven en La Quiaca, Nazareno, Iruya y otros parajes similares que fueron el teatro de operaciones de la Guerra Gaucha. Tal vez el desafío de nuestro tiempo sea recordar a Güemes desde la educación en los primeros niveles para sembrar la conciencia de identidad nacional y de la unión de los pueblos libres por los que ofrendó su vida.

Por Abel Cornejo para Voces Críticas