SALTA.- Las nuevas versiones del peronismo han dado personajes de toda laya pero ninguno tan pintoresco y zafado como el diputado provincial Tomás “Turi” Rodríguez, que de tanto en tanto salta hacia una dudosa fama, presentando proyectos que parecen concebidos en momentos en que alguna fiebre le alcanza la materia gris en el caso de que la tenga en condiciones de razonable estabilidad.

Así, los salteños vienen sufragando la jugosa dieta que cobra este individuo por imaginar materias tan delirantes como haber colaborado junto al entonces concejal Martín Ávila en la destrucción del Monumento a Manchalá, asegurando, que de bajo los cimientos, existían cuerpos de desaparecidos, cuando en realidad lo único que ha desaparecido es la cordura del cerebro de Rodríguez. 

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Luego, junto al dicho Ávila, se les ocurrió cambiar el nombre de la Avenida Virrey Toledo por “Bicentenario de la Batalla de Salta” y se quedó con la ganas de arrancar de su lugar al monumento que recuerda al Virrey Toledo, aduciendo argumentos pro indigenistas, demostrando la supina ignorancia que lo preside ya que la Ciudad y luego provincia de Salta, se debieron a la visión de Francisco de Toledo, pero esperar que el “Turi” Rodríguez llegue a tener tal capacidad de análisis, es como pensar que Manuel Santiago Godoy quiera dejar el sillón de la presidencia de la Cámara de Diputados, cosas imposibles. 

Pero, donde los delirios del diputado Rodríguez se llevan la palma, es cuando presentó un proyecto para remover las cenizas del General Martín Miguel de Güemes del Panteón de las Glorias del Norte y trasladarlas al Museo que lleva su nombre… el de Güemes, claro. En este caso el “Turi” justificaba su pretensión en alucinadas teorías sobre el laicismo, libertades religiosas y un enjuague de teorías propias de quien tiene un verdadero batido de neuronas dentro de su espacio craneal. 

Ahora resulta que, según ha confiado a Voces Críticas un paseante de los pasillos legislativos, el diputado “Turi” Rodríguez estaría pensando (si puede llamarse así) en proponer que se remueva la Cruz que recuerda la celebración del Congreso Eucarístico Nacional que llevó a cabo en 1974 y que se encuentra emplazada en el Paseo Güemes que conduce al Monumento al Prócer cuya memoria Rodríguez deseaba mancillar. 

Hasta aquí es sólo un comentario, surgido desde el nido donde Rodríguez empolla sus calenturientos proyectos legislativos, pero dado el calibre de los disparates que suele proponer no extrañaría que la versión tuviera algún asidero, ya que Rodríguez se concibe así mismo como un cruzado del laicismo y el ateísmo militante que profesa un claro desprecio por los símbolos religiosos y los próceres que constituyen la identidad de los salteños. 

O tal vez no sea desprecio, sino temor a la Cruz que convierte a los vampiros en cenizas, ya que las malas lenguas aseguran que Rodríguez sería personaje de hábitos nocturnos y que en las madrugadas retorna a su cripta quizás escapando de los rayos del Sol. Nunca se sabe, pero sólo un poseído podría lucrar con el dinero público para pensar solamente vaguedades insólitas. 

Antes de continuar hilvanando tamaños delirios, sería mejor que Tomás “Turi” Rodríguez termine de aclarar ante la Justicia el destino de algunos millones que le andan reclamando de su tiempo como concejal y que dejara en claro sus cuentas con la Justicia por las denuncias de su ex pareja a quien le habría partido la nariz. Estas cuestiones sí serían de utilidad pública. Lo demás puede esperar.

Por Franco Alvarado para Voces Críticas