SALTA.- Los vientos de cambios siguen soplando, agitando aún más el ya enrevesado panorama electoral nacional y provincial. Más que vientos, para ser exactos, deberíamos calificarlos por momentos como ráfagas, dadas las condiciones climáticas que hacen girar las veletas, a estas alturas con menos precisión que los disparos del cañón del almirante Boom anunciando la hora en la saga de la recientemente estrenada “El regreso de Mary Poppins” de Disney.

Desubiques y desconciertos, señores, están a la orden del día. Fuertes movimientos trastocan un escenario político cada vez más cambiante, generando a su paso incertidumbres que arrasan con lo poco que hay de cierto, rumores y temores que continuamente blanden armas en un duelo de espadachines sin reglamento, a toda furia, donde cada tanto, en el fragor de la lucha, se convierten en sombras, desaparecen o, lo que es aún peor, mutan de partido, desechando el anterior, en lo que daríamos a llamar “travestismo o swinging político”, al ritmo de la pegadiza letra de la canción “Felices los 4”, de Maluma: “Si conmigo te quedas/ O con otro tú te vas/ No me importa un carajo/ Porque sé que volverás”.

Mirá también

La fecha se acerca, y el 12 de junio vence el plazo para la solicitud de alianzas transitorias con miras a los comicios 2019. Apurados los candidatos se aprestan a encolumnarse. Así Roberto Lavagna, el de la sandalia del pescador, sigue en carrera, y fiel a su ego sin fronteras mantiene intacta su ambición para ser presidente de la Nación, esta vez desde el flamante espacio Consenso 19.

Decidido a no dejarle el paso libre, en una lucha titánica de egos, emigra Juan Manuel Urtubey, quien por estas horas habría cerrado filas con Miguel Ángel Pichetto, el operador político estrella del justicialismo.

Sergio "Masita" Massa continuaría deshojando la margarita (que no es Stolbizer, por cierto) en una eterna “mise en scene”, pero esta vez desde la tribuna miran expectantes Cristina Kirchner y compañía, hasta ahora con la proclamada fórmula Fernández-Fernández. Esperamos que se decida pronto, no vaya a ser cosa que una cortina de humo haga desaparecer su robusto ego, a lo David Copperfield, en clara alusión al mote de “vende humo” como es harto conocido en las redes sociales.

Tiembla mi estilográfica al escribir estas líneas, desprevenidos futuros votantes, y más aun teniendo que firmarlas, temiendo que en un abrir y cerrar de ojos queden obsoletas a juzgar por la velocidad con que cambian de parecer nuestros futuros representantes, y sobre todo examinando el comportamiento de los políticos de esta Argentina indigna, carente de convicciones y principios, donde la definición y rectitud no son banderas que flamean en este convoy de candidatos, más afectos a los intercambios, ya sea de partidos o de compañeros de fórmulas, y al desenfreno, que por momentos simula una orgía electoral en este degenerado y libertino presente social.

Analizando los exponentes que se exhiben para ser votados por el inadvertido electorado, es muy difícil distinguir el trigo de la cizaña, y observo con desazón que los mismos candidatos estarían representando los siete pecados capitales en pleno. No dejo de preguntarme por cuáles de los círculos del infierno de Dante deambularían los Lavagnas, Fernández, Massas, Cristinas, Pichettos y demás. ¿Será en el octavo cerco, donde los demonios castigan a los rufianes, aduladores y a los que realizaron infames servicios, a los que hicieron tráficos de sus cargos en la república, a los hipócritas vestidos con pesados mantos de plomo dorados en su exterior o a los ladrones de los caudales públicos? En realidad, los nueve círculos del infierno de "La divina comedia" estarían atestados de esta manga de cachivaches y serviles, no a la república sino a sus propios intereses.

Por Anabel Fragueiro para Voces Críticas