SALTA.- Si una imagen vale más que mil palabras, la foto de Alfredo Olmedo, Martín Grande y Miguel Nanni representa el cuadro más triste de un tiempo político en decadencia. Tres fallidos aprendices de políticos, unos aventureros del voto que el pueblo ungió para que los represente en la esperanza, tal vez, de que fueran algo nuevo, hicieran algo nuevo; pero ni siquiera eso, no sólo no hicieron nada nuevo sino que directamente no hicieron nada.

Alfredo Olmedo que en un momento inicial de este tiempo político llamó la atención porque al menos sus pocas neuronas cocinaban algunas breves propuestas, logró concitar la atención de importantes sectores que se vieron defraudados cuando de pronto pareciera que “Dios le habló” y decidió bajarse de su candidatura presidencial dejando un tendal de compromisos políticos y deudas sin atender. Un modus operandis que no es nuevo en el hombre color plátano, ya que en otras oportunidades supo dejar pagando a sus ocasionales partidarios.

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Bajado a Salta, Olmedo se encontró sin partido y sin recursos, y al parecer, para dejar de navegar al garete está dispuesto a formar un micro frente con otros personajes de su misma estatura, literalmente.

Uno de esos adláteres parece ser el periodista devenido en diputado nacional Martín Grande, que un día prometió convertirse en el “cadete de los salteños” y terminó siendo el zángano de la colmena, ya que más allá de levantar la mano para avalar todo lo que el Gobierno Nacional quiso hacer, no se conoce que haya hecho nada notable por sus coterráneos. Una provincia entera le demanda a Grande conocer qué beneficio obtuvo a cambio de pagar tan suculenta beca.

Por fin, aparece acompañando a los dos menudos diputados nacionales el beduino de la Unión Cívica Radical de Salta, Miguel Nanni, un sujeto cuya efigie debiera reemplazar al “Diablito del Cabildo”, pues gira con mayor velocidad que éste hacia donde el viento sopla mejor. Autor de la venta de la UCR al Frente de Juan Manuel Urtubey en su momento, a cambio recibió su banca de Diputado Nacional desde la cual no sólo no hizo absolutamente nada, sino que además inscribió su nombre en el cuadro de honor de los legisladores con más cantidad de ausencias.

Bajo su mandato está a punto de perderse la casa partidaria por la desidia y desprecio que Nanni tiene hacia los emblemas del radicalismo. Un juicio laboral podría dejar a todos los correligionarios sesionando en la vereda. Por estas horas, y disfrazado de radical, Nanni expresa que será candidato a gobernador sabiendo que ni sus afectos más cercanos lo votarían, pero mientras dice esto a los medios por debajo de la mesa intenta arreglar con la gente de Gustavo Sáenz, quienes no querrían hacerse con esta Caja de Pandora que representa Nanni, así que cada vez más solo se comenta que tendría intenciones de entregar el escudo de la UCR a Olmedo a cambio de vaya a saber qué cosa, que muy probablemente Olmedo termine no cumpliendo.

De esta manera parece configurarse un nuevo espacio dentro del caldero, donde se siguen cocinando alianzas y candidaturas que duran un hervor; y de entre las volutas de humo de tan insana cocción, emergen de vez en cuando seres monstruosos que amenazan a los salteños con convertirse en sus representantes, como es el caso de estos tres tristes tigres herbívoros.

Por Franco Alvarado para Voces Críticas