SALTA.- A “río revuelto, ganancia de oportunistas” sería la enunciación del viejo dicho popular que hablaba de pescadores, aunque en rigor de la verdad, en las actuales circunstancias, más de un político anda “a la pesca” de enganchar alguna postulación. 

En medio de un desconcierto que no tiene antecedentes sobre quién podría ser un candidato de peso para suceder al gobernador Juan Manuel Urtubey, un verdadero menú de oportunistas se ofrece para ser aspirante. 

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Ahora se suma a esa variopinta grilla Cristina Fiore, cuyo zigzagueante “cursus honorum” la llevó a trepar espacios de poder, pasando por varios partidos. Nacida a la vida política como concejal del extinto Partido Renovador de Salta, no se ruborizó cuando tuvo que volar en la misma alfombra que Miguel Isa, como funcionaria de la Municipalidad de Salta, acto reñido ideológicamente si los hay, para luego abandonar el sultanato y pasar al Frente “U” y catapultarse como senadora de la Nación.

Con esa banca, Fiore suscribió a la felonía de Andrés Zottos, de vender el PRS, al cual habían desarticulado, provocando la salida de las mejores mentes que logró reunir aquel partido, que llegó a ser la segunda fuerza política de Salta. 

Esto no debe sorprender, ya que la característica más notable de Fiore ha sido su desapego a las lealtades y principios políticos. Cuando ocupó en sus inicios políticos la banca de concejal, fue una dura crítica de la gestión de Miguel Isa. Tiempo después, sin siquiera sonrojarse se pasó a las filas del “Isismo”, ocupando un cargo municipal, lo que le valió de parte de sus ex compañeros de partido el título de “traidora”

Cuando agotado estaba el PRS, saltó junto otros conocidos oportunistas hacia el novedoso partido Propuesta Salteña, desde donde volvió a migrar a su agrupación de origen. 

En el Congreso Nacional, su actuación como diputada, fue más que discreta, más bien acentuadamente mediocre, con menos de una decena de proyectos, sin asistencia perfecta y con casi ninguna intervención. Fueron años para el olvido, pagados por los ciudadanos

Ahora, al frente de un enjuague de dudosa consistencia llamado “PARES”, Fiore y una camarilla de perdedores seriales, verdadera chatarra política, pretende mostrarse como potable candidata a la gobernación. Nadie en sus cabales, podría votar a quien demostró no tener conducta partidaria ni política y que conduce un rebaño de verdaderos jumentos grises, donde la mediocridad y la vagancia mental, son la característica distintiva de personajes como Susana Pontussi, a quien pretendieron impulsar como diputada provincial; algo tan deshonesto para la ciudadanía, como lo sería que un supermercado ofrezca como una ganga un producto vencido. 

La expresión de deseos de Fiori respecto de su candidatura a la gobernación, es la muestra más acabada de la ausencia de postulantes serios, con un proyecto político definido y sobre todo con una ética que pueda considerarse como un ejemplo y que realmente otorgue garantías a los ciudadanos. 

Basta nomás pensar, en los antecedentes de Cristina Fiori que tuvo un partido político y luego a todos ¿qué garantías tiene el ciudadano de que las promesas de campaña se cumplirán?

Está lejos de tener una propuesta política, cuestión no menor, ya que las propocisiones o plataformas partidarias han desaparecido del campo político. Ni siquiera dándola vueltas y sacudiéndola, se podría obtener de Fiori una idea que haga una diferencia con la nada, que también ofrecen los demás. Su paso por el Senado de la Nación ha sido bastante mediocre en términos de producción intelectual y un candidato a la gobernación, por lo menos, debe tener algunos visos de estadista, que en este caso, no existen. 

Nada distinto ha demostrado Fiore, incluso incurrió en el nepotismo generalizado cuando nombró, como asesor en el Senado, a su propio padre, sumándose al club de los políticos que reparten prebendas entre los familiares. 

Quizás sea que Cristina Fiore tiene guardado un verdadero plan de gobierno con que sorprenderá a la sociedad demostrando, que además del valor de ser una mujer que se postula a la gobernación, tiene realmente vocación de poder, un equipo de notables colaboradores y un programa de gobierno. Hasta ahora, sólo cuentas –y cuentos- de colores, que a esta altura de los acontecimientos ya han perdido todo valor de cambio; cambio electoral, se entiende.

Por Franco Alvarado para Voces Críticas