SALTA.- Ya se extinguía la semana cuando se alentaron los rumores de que Juan Carlos Romero decidiría presentarse a disputar la gobernación en las próximas elecciones. Desde entonces el fin de semana fue un hervidero de reuniones, llamadas, comentarios, alegrías anticipadas y gestos de preocupación. 

Los operadores del romerismo en distintos distritos de la provincia recibieron la “noticia” como si les hubieran anunciado el retorno del Mesías, mientras que muchos otros que ya tienen armado su quiosco se preocuparon en tratar de confirmar una especie que los eliminaría de plano, porque cuando el “gato no está los ratones bailan”.

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Donde mayor tumulto hubo fue sin duda en la tribu del Indio Godoy, porque abandonado ya por el gobernador Urtubey, el veterano componedor de acuerdos, apenas si puede hacer los últimos esfuerzos para mantener alguna tropa en pie con expectativa de poder tallar algo en el armado actual. Su traición al romerismo aún no se ha saldado en términos políticos, pero al fin y al cabo mientras el “Supremo” no estaba en la cancha, el Indio podía seguir haciendo de brujo y cocinando su propio consomé político. Pero el retorno del “Júcaro” lo eliminaría de plano y con él a una banda de mantenidos por el todavía presidente de la Cámara de Diputados. 

En materia de candidaturas a la intendencia, los sectores no peronistas (Pro-Cambiemos y algunos radicales) tejían la posibilidad de proponer a Martín Grande, de pobrísimo desempeño como legislador nacional pero una figura conocida al fin. El romerismo ya tenía definida la candidatura de Bettinita Romero a la intendencia, operación que habría que hacer retroceder porque el electorado no aguantaría dos “Romeros” en juego y en puestos tan claves. La operación cambiaría de dirección apuntando a instalar a la hija del senador nacional en la presidencia de la Cámara de Diputados. Esto saldaría la deuda con el Indio, obviamente. 

El que permanece inmutable ante este posible retorno de Juan Carlos Romero es el intendente Gustavo Sáenz que, a desprecio de todo rumor, convocó a un cónclave con todos los partidos y sectores que vienen acordando con él para definir la estrategia a seguir. Según se afirma, en ese espacio están todos tranquilos con lo que viene porque sienten que “Gustavo se la banca” y tiene como superar cualquier eventualidad… incluso a Fernando Yarade, dicen. 

Los que están perdidos en la tormenta de arena son los amarillos de Alfredo Olmedo, devenido en pastor express por obra e iluminación de la gracia; entiéndase bien, no de la Gracia divina sino de la gracia que da verlo con Biblia en mano amenazando con enviar al infierno a los violadores, corruptos, vagos y opositores. Por estas horas, Olmedo viajó a Brasil para aprender “in situ” como los militares de Bolsonaro bajan a narcotraficantes, prostitutas, homosexuales y toda clase de individuos que no cuadran como normales en el pensamiento del nuevo régimen. Mientras Olmedo se capacita en la eliminación de “lacras”, la política prácticamente ya lo ha eliminado a él.

No queda mucho tiempo para definir situaciones, de hecho, los operadores de los distintos sectores están de acuerdo en una sola cuestión: esto se tiene que definir en los próximos quince días a más tardar, de donde para la Semana Santa, para algunos habrá Resurrección y otros definitivamente serán echados al Averno del olvido.

Por Gonzalo Cisneros