SALTA.- En la víspera, la ciudad de Salta amaneció tapizada de afiches y carteles que promueven la figura del actual presidente de la Empresa Aguas del Norte, Lucio “Pino” Paz Posse en lo que se debe presumir es un lanzamiento pre electoral con vistas a las elecciones del año próximo. 

Si bien la regla democrática general es que todo el mundo tiene el derecho a participar y a promocionarse, la norma municipal regula dicha actividad en prevención de un desbande de pegatinas que resulten, como solía ocurrir años atrás, en un mamarracho de papeles superpuestos. El Municipio pretende también el cuidado de la ciudad que se ve avasallada por pegatineros que utilizan cuanto espacio les parece propicio para fijar sus carteles en paredes o postes con los “columneros”. 

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La propaganda política también está regulada en tiempo, no se puede arbitrariamente disponer de los espacios públicos para instalar a un candidato. En este sentido el caso de “Pino” Paz Posse constituye un ejemplo de lo que significa el desprecio por las normas, por el tiempo y hasta por los eventuales rivales políticos que se han guardado de salir a publicitarse. 

Tal vez sea que el “manager” de Paz Posse sea un improvisado que no conoce de regulaciones y manda a operar esta campaña sucia, no por lo deseal, sino porque verdaderamente ensucia a la ciudad ya que los afiches del presidente de Aguas del Norte se han fijado al antojo de quien los pegó. O tal vez resulte que el atropellador sea el mismo Paz Posse, sediento de protagonismo y desesperado por posicionarse en la grilla de “medidos” por alguna encuesta quien ha ordenado tal despilfarro. 

La transgresión ya está obrada, los salteños se encuentran con la mirada perdida de Paz Posse en algún lugar del infinito, menos donde debiera estar, o sea en las cosas diarias para las que ha sido nombrado y se le paga un abultado sueldo como ser que la provisión de agua llegue en forma a los vecinos que ya la poseen y que otros puedan sumarse al disfrute de este derecho humano básico. 

Quedaría por preguntar entonces quién paga esta campaña, que se descuenta debe ser costosa, y que lleva a pensar en que Paz Posse tiene un buen patrocinador o será que distrae recursos de la empresa que dirige. 

Bueno sería que el Municipio de Capital haga sentir su peso ejecutivo poniendo en su lugar las cosas, porque de tolerar este avasallamiento a una ordenanza se crearía un antecedente para que otros, tan ávidos de protagonismo electoral como Paz Posse salgan a hacer lo mismo, lo cual terminaría en el grosero carnaval que supo ser en otras épocas.

Por Franco Alavarado para Voces Críticas