SALTA.- En el episodio más bochornoso desde que Hernando de Lerma mantuviera sus célebres disputas con el Obispo Victoria –el que regalara la Imagen del Cristo Crucificado, paradójicamente- el presidente de la Cámara de Diputados, Manuel Santiago Godoy ordenó a instancias del periodista Horacio Verbistky, quitar de su lugar al Crucifijo que preside el Recinto de sesiones de la Cámara legislativa salteña. 

No sólo podría cuestionarse el que Godoy haya permitido que ocupe el Recinto de Sesiones del Poder de la República más representativo de los ciudadanos a un terrorista confeso, que como  jefe de la inteligencia del grupo Montoneros, fue el autor intelectual de secuestros, torturas, atentados y asesinatos de argentinos inocentes cuando conspiraban contra el gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón además de que habría entregado a la muerte a cientos de sus propios compañeros como supuesto doble.

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Pero mucho más grave resulta que un sujeto como Godoy que demostró su vocación de sicario de los poderes de turno “cambiándose la camiseta” según convenía a sus intereses personales, haya venido ahora a mostrarse también como un enemigo de la fe de los salteños a quienes osa decir que representa, ordenando desalojar por pedido de un ateo y profeta de la violencia como Verbistky,  el símbolo máximo de la fe que representa el carácter distintivo de esta Provincia. 

Podrán algunos argumentar que mandar a quitar el Cristo Crucificado es un acto republicano de  respeto a la diversidad de cultos, que tiene que ver con la necesidad de separar la Iglesia del Estado o que es propio de una “evolución” no tener Dios alguno. Sin embargo, hasta la legislación extranjera prevé que los “objetos de culto son elementos que representan la historia de los pueblos y resultan inofensivos en sí mismos” y que en  caso de que pertenezcan al sentir de la mayoría deben ser respetados, según lo señalaran los tribunales de la Unión Europea. 

Así, el hecho perpetrado por Godoy se tiñe de mayor gravedad toda vez que actuó a órdenes de un enemigo de la democracia y en contra del sentir mayoritario de un Pueblo que en pocos días protagonizará una de las mayores expresiones de fe pública de Sudamérica con la Procesión del Señor y la Virgen del Milagro. Desde  este punto de vista, la actitud de Godoy ha sido la propia de un vándalo, para nada distinta de aquella que emplearan los peores bárbaros ateos y salvajes que recuerda la historia que consumaran los más atroces atropellos contra las creencias populares.

De esta manera Manuel Santiago Godoy ha demostrado su apostasía renegando públicamente de su fe y dando a entender a los salteños de que además es un terrorista en espíritu al permitir que uno de ellos ocupe su sitial en el Recinto, expresando su subordinación al “Perro” Verbisthky, al ejecutar sin reparo alguno una orden de tal calibre. 

El pueblo de Salta está ahora en todo el derecho, no solo de reclamarle a Godoy un acto público de desagravio hacia el Cristo Crucificado, sino que además debe exigirle que se inhiba de participar de los Cultos del Milagro, ya que ha quedado demostrado su desprecio hacia el catolicismo y hacia el sentir mayoritario del pueblo salteño. 

Es un triste final para quien hizo de la Cámara de Diputados un objeto de uso personal lesionando a la democracia al impedir la alternancia de los cargos y que ahora liquida su carrera política renegando de la fe que simuló practicar durante tantos años. Godoy, al igual que los criptojudíos que practicaba su culto en la clandestinidad, ha obrado de igual manera ocultando su ateísmo consumado a los salteños. 

Que Dios lo perdone, porque seguramente las urnas no lo harán.-

Sermones de Moseñor Cargnello (Video) y padre Ossola (Audio), respecto a lo ocurrido : https://bit.ly/2CAGqXD 

Por Franco Alvarado para Voces Críticas