SALTA.- Si algo bueno tiene el presidente de la Cámara de Diputados, Manuel Santiago Godoy, es que se trata de alguien absolutamente previsible: así, llegado el momento, es seguro que traicionará a quien sea en beneficio de su conveniencia, obviamente. 

Hasta las estructuras de hierro se herrumbren, se agrietan y se parten, cómo se podría esperar que no ocurra lo mismo con quien tiene el camino sembrado de cráneos reducidos y disecados como Godoy. Aquel mozuelo que comenzara con Roberto Romero, leyendo el diario en las mañanas en la oficina de la calle Mariano Boedo, sabía muy bien lo que quería: ¡llegar!

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Así se fue afirmando, cargo tras cargo, hasta alcanzar no sólo la presidencia de la Cámara de Diputados, desde la cual maneja discrecionalmente el millonario presupuesto del Poder Legislativo, sino formar además en base a prebendas y favores una estructura política que le ha servido para mantenerse siempre en el candelero. 

No titubeó en traicionar a Juan Carlos Romero pasándose a las filas de Juan Manuel Urtubey, siendo durante los últimos doce años el ejecutor del “trabajo sucio”, practicando su oficio de “consigliere” del poder y disponiendo a gusto y paladar de la vida y honra de quien se le cruzara en el camino. 

Los tiempos agotan sus términos y hoy, cuando el gobierno de Urtubey desenvuelve los últimos tramos de hilo en el carretel, el inefable “Indio” Godoy se apresta a practicar nuevamente el rito de la traición.

Pero ahora el escenario ha cambiado, los actores están en un todavía panorama confuso, por lo que para el "indio" corre ahora atrás de un líder a quien tributarle la pleitesía que acostumbra, por eso, el indio busca acomodarse entre lo que a él le convenga para seguir manejando sus hilos como siempre lo hizo, y allí lo mejor que encontró Godoy, fue a Sergio “Oso” Leavy, el último prospecto kirchnerista con ambiciones de ser gobernador. 

Lógicamente, “El Indio” sabe que Miguel Isa es una apuesta perdida –y si de algo sabe el Indio, es de apuestas-; sabe también que a Alfredo Olmedo se le cayó el palo mayor de su circo y le quedaron sólo los enanos. Sabe que Gustavo Sáenz jamás aceptaría en las cercanías a un sujeto de la catadura de Godoy y que el romerismo no le perdonará su traición. ¿Qué le queda entonces a Godoy? ¡El Oso Leavy!

Pero claro, no se puede ser tan evidente en esto de cambiarse la camiseta en público, así que entonces Godoy “se someterá” a las decisiones de la Convención Nacional del PJ para ver si apoyan al Frente de Alternativa Federal o alguna otra cosa que salga. 

El Indio Godoy sigue teniendo las plumas, cada vez menos a medida que pasa el tiempo, pero jamás perderá las mañas y seguirá cambiando de tribu de acuerdo a su conveniencia, mientras las chozas para refugiarse son cada vez menos. Con este panorama, se espera que alguna tenga una mesa de ruleta, seguramente habrá una.

Por Franco Alvarado