SALTA.- Los salteños son otra vez noticia a nivel nacional por un hecho bochornoso, la denuncia del propio hermano de la secretaria general de la Agremiación Docente Provincial (ADP), Patricia Argañaraz, quien acusa a esta última, de haberse birlado unos cien millones de pesos en los últimos años. 

Que las cirugías estéticas son costosas todo el mundo lo sabe, pero que para lucir como una quinceañera haya sido necesario desfalcar un gremio y estafar a miles de maestros es una exorbitancia. Así reza la denuncia que recorre las redacciones de los medios de prensa que se hacen eco de lo que, de comprobarse, podría constituir el asalto más descarado provocado por un dirigente sindical a su masa representada. 

Mirá también

Ante la noticia, Voces Críticas consultó a una fuente interna del gremio, quien relató el modo dispendioso en que se manejaban los aportes de los docentes. Según aseguró la informante, la Argañaraz había formado una especie de séquito o anillo de fieles que la mantenían a distancia de quienes trataban de hablar con ella: “Conseguir una entrevista con Argañaraz podía significar meses de amansadora y te ganaba por cansancio. Nunca te atendía”

La vida gremial de esta “reina del guadapolvo” comenzaba alrededor de las diez de la mañana, en que arribaba al gremio precedida por el aroma de costosos perfumes. Entonces, dos o tres “fieles” abandonaban sus escritorios y formaban a su lado una suerte de cordón hasta que abría la puerta de su despacho con la tesorera Marita Cerezo, como jefa de esa patética guardia imperial. Acto seguido, una empleada ingresaba por el termo y el mate y se cerraba la puerta con la Cerezo adentro. 

Quienes la esperaban, debían comentar sus inquietudes a las mujeres de la guardia, las que primero consultaban con la Argañaraz para ver si eran recibidas o no. La otra persona que tenía ingreso irrestricto a la oficina de la mandamás docente era su hermano, hoy denunciante y la persona que se hallaba al frente del Fideicomiso “Virgen de Urkupiña” que debía construir las viviendas por las que los docentes aportaban mensualmente. 

La oficina de este Fideicomiso se encontraba a dos cuadras de la sede gremial, en un complejo de tres oficinas, franqueadas por una puerta de vidrio que sólo se abría según quién era el solicitante. “Un ambiente sórdido donde un contador llevaba los números de la obra y se hablaba en voz baja”. 

El modo de vida de la Argañaraz era conocido por todos, vehículos de alta gama, viajes al exterior y lujos que estaban fuera del alcance de un ingreso común. Esta dirigente ya tenía en su haber otras denuncias por irregularidades en la entrega de viviendas del IPV a sus familiares, incluso, ella misma había retenido una unidad para sí misma, la que hizo demoler para construir una pequeña mansión, posesión que le fue finalmente revocada por el organismo provincial. 

En medio, ya se sustanciaban denuncias por sus reiterados viajes al exterior, que tenían como destino Miami, Brasil y ciudades de Europa, siempre acompañada de su séquito gremial más íntimo. 

La denuncia no es menor, por el contrario, la gravedad de la misma tiene una entidad que echa por tierra la poca credibilidad que tenía hasta aquí esta dirigente, la cual ya debiera haberse puesto a disposición de la justicia para que determine la veracidad o no de lo que su hermano ha denunciado, incriminándose como responsable de la adulteración de los balances. 

Una vez más, de comprobarse tamaño delito denunciado, queda expuesto que las administraciones que exceden el tiempo prudencial, tienden a convertirse en nido de corruptelas, de donde lo más saludable sería la intervención del Gremio docente y un pronto llamado a elecciones.

Y se sabía de la vida de millonaria que lleva la representante de los docentes y quien lucha año a año por mejores salarios arreglando con el gobierno siempre a favor de sus representados. Ahora la justicia deberá investigar y nosotros saber qué de cierto hay en las acusaciones.

Por Franco Alvarado para Voces Críticas