SALTA.- Ser caudillo parece ser el sueño de todo político, un fenómeno que se percibe con mayor intensidad en el interior, donde la vida de los pueblos parece ser terreno fértil para la germinación de este mal telúrico que ya Sarmiento denunciaba en su libro “Facundo”. 

El primer escalón para constituirse en caudillo lo proporciona la intendencia. En efecto, son los intendentes los primeros en sentirse tocados por la “sombra terrible de Facundo” (Sarmiento dixit) y llegan para quedarse y formar su pequeño imperio que los males de la democracia actual han convertido en hereditarios. Sin lugar a dudas es así porque a poco de andar los despachos oficiales comienzan a llenarse de “hijos y entenados”, de parientes políticos y de amigos con abierta vocación de genuflexos. 

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Pareciera ser este el caso del intendente Fernando Romeri, aposentado en la municipalidad de San José de Metán, desde los tiempos del Bicentenario de la Patria, quizás esto lo haya hecho sentir que el pueblo reclamaba un líder, pero en realidad se trataba de un “pasamanos” de la gestión de Roberto Gramaglia que deshojó veinte almanaques hasta sentarse en la Legislatura de Salta dejando a un “pollo” que continuaría esta vieja costumbre argentina de pasarse el poder de unos a otros. 

Certifica que es así el hecho de que los hijos del renovador Gramaglia continúan en la función pública a la que han sumado a sus esposas y si las cosas no cambian en un plazo inmediato es de esperar que los hijos también se sumen al listado familiar de los que viven de la cosa pública. 

Curioso es que siendo “cosa pública”, es de decir de todos, en realidad sea de pocos entre quienes se reparten acciones y beneficios como lo prueba el reparto de cargos. Así, por ejemplo, el cuñado del Intendente, Yaco Viña es el secretario de gobierno mientras su primo está al frente del Ente Regulador, mientras otros personajes del entorno se reparten en la Justicia y el Ministerio Público, donde han recalado hijos del anterior intendente Gramaglia y sus respectivas esposas. 

Todo este entramado se ha formado y se consolida por el silencio de una prensa leal que estaría pagada desde el municipio para callar cuestiones como la construcción del cine de Metán que demandó dieciocho años en terminarse a un costo que superaría los cinco millones de pesos y que cuenta con una pantalla apenas algo más grande que un televisor de última generación y donde los estrenos estarían llegando con apenas un año de retraso. 
Cabezas visibles de esa prensa complaciente al gobierno de Romeri serían Adrián Quiroga y Ariel Retuerta acusados de actos de violencia contra denunciantes del intendente. En los corrillos del pueblo se comenta que el propio Romeri habría acudido a la comisaría a rescatar a Quiroga cuando fuera detenido conduciendo una motocicleta en estado de ebriedad. Nada más que otra casualidad sería que la hija de este dicho Quiroga, también trabaja en la municipalidad.

Apenas unas pinceladas de lo que sería un cuadro de nepotismo, amigos e hijos del poder que controlan los puestos claves de un municipio donde su intendente, Fernando Romeri, ha convertido una populosa y pujante ciudad como Metán en un feudo propio.-

Por Franco Alvarado para Voces Críticas