SALTA.- Está bien que los pueblos progresen, que superen el estado de aldea en que se encuentran todavía algunos, pero todo adelanto debe ser con coherencia, moderación y lógica. Este es el tiempo en que la filosofía de generar crecimiento en modo “amigable con el ambiente” se impone como forma de evitar los avasallamientos que se han hecho contra el ecosistema, que tan graves consecuencias está trayendo. 

La cuestión es que en la última sesión del HCD de San Lorenzo y según se dice, el presidente de ese Cuerpo, Jorge Virgilio Núñez, conocido gaucho relator de historia y corredor inmobiliario, habría tentado incidir en el pensamiento de los concejales para que se aprobara el emplazamiento de dos mega construcciones: un gran hotel en la curva que de Castellanos y un complejo de 220 departamentos en el corazón de la Quebrada de San Lorenzo

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El desatino que habría impulsado Núñez, chocó con la férrea oposición de un grupo de vecinas y de algunos concejales, que en posesión y dominio de sus facultades mentales, advirtieron la inconveniencia de estos proyectos que no se ajustan ni a la capacidad de infraestructura que tiene ese municipio, ni al criterio ambiental que debe primar en una Villa veraniega como esa. 

Será quizás que la devoción de Núñez por la historia le arrebata tiempo para educarse en las nuevas tendencias ecoambientales que van a la vanguardia en el mundo –y que ya aplican otros municipios de Salta- donde al contrario se está legislando en materia de normas amigables con el medio ambiente, algo que incluso la COPAUS viene requiriendo a ese municipio desde un tiempo a esta parte. 

Mucho menos admisible es que la máxima autoridad del Concejo Deliberante promueva que emprendimientos inmobiliarios de tamaña envergadura se aprueben por excepción y sin antes haber existido un concienzudo estudio de factibilidades, de impacto ambiental, y una audiencia pública para tratar con los vecinos la instalación de construcciones que les producirán una alteración vehicular y visual; sin que haya previo un expediente que se eleve a los Organismos competentes de la Provincias y una ristra más de obligaciones administrativas que se corresponden con las leyes vigentes. 

Muy mala experiencia se tiene en el municipio de Salta en materia de excepciones provistas por los concejos deliberantes durante el califato de Miguel Isa, cuando se violó repetidamente la normativa posibilitando que se altere el casco histórico de Salta capital, con edificios y hoteles que superan holgadamente los cuatro pisos que marca el Código de Edificación. Ni siquiera se hable de tener en cuenta la Cota 1200 sobre la cual se desconoce y se viola sistemáticamente. Aquellas “excepciones” en el periodo “Isista” –como se recordará- terminaron en sendas demandas por supuesto enriquecimiento ilícito contra funcionarios del régimen del ahora vicegobernador. ¿Se quiere acaso repetir esta degradante experiencia en San Lorenzo?

Hasta el cerebro más elemental puede darse cuenta de que San Lorenzo no cuenta con la infraestructura suficiente como para albergar mega proyectos inmobiliarios, nada más teniendo en cuenta el servicio de agua, ya que los vecinos de la Villa veraniega cuentan con nada más que dos o tres horas de servicio al día y en casas particulares. Hay que pensar qué impacto tendría entonces el consumo en edificaciones donde se concentran de pronto más de quinientas personas o como en el caso de un hotel, que requiere de una provisión permanente del líquido elemento. 

Estas situaciones se repiten a cada paso en la política de Salta donde la mayoría de los funcionarios son improvisados llegados a la función por obra y gracia de la casualidad o de una lista sábana, sin propuestas previas que el pueblo conozca, sin preparación para el cargo y sobre todo, sin una concepción de futuro. La mediocridad es la madre de las torpezas y ese es un lujo que nadie se puede dar porque las decisiones que se tomen hoy afectarán a las generaciones venideras.

Por Franco Alvarado para Voces Críticas