SALTA.- Conmocionó a Salta en las últimas horas la sorpresiva renuncia del jefe de Gabinete de Ministros, Fernando Yarade, en parte porque nadie se esperaba esta decisión, transcurridas unas horas de las turbulencias de este agitado mar político, que se llevó no solo anhelos de los postulantes desechados, sino también se alzó con desilusiones, desencantos y lamentos.

Luego de un fin de semana a toda acción, el lunes se desarrolló en una cierta calma, ¿calma chicha?, momentos de análisis sobre lo acontecido el fin de semana y la premura para abrochar nombres en un cierre de lista donde el Pro se dio el lujo de imponer candidatos a dedo y el ponderado flamante camarada de fórmula, el compañero Pichetto, se contentó con verla pasar sin casi poder acomodar bocadillo.

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De este análisis todo quedó claro: el PRO sigue manejando a través del “peñismo” y el “swinging político” fue legalizado bajo la acomodada frase que pronuncian los analistas: “Asistimos al entierro de los partidos políticos”. Un final cantado, “spoileado” como dicen los chicos hoy en día.

El virtual gobernador de Salta en ejercicio de funciones, así se conocía en la jerga a Yarade, tras una breve conferencia de prensa anunció que hoy, martes 25 de junio, es su último día de trabajo. ¿La gota que rebalsó el vaso? Anoche un dron sobrevoló su vivienda, hecho que precipitó esta decisión. El espionaje había sido denunciado por él a través de sus redes sociales. Resuenan sus misteriosas palabras, suerte de velada denuncia: "Hay mucha gente buena que me ha acompañado y mucha gente mala, mucha gente sucia. Este es mi último día de trabajo". ¿A quién o a quiénes se estaría refiriendo? ¿Qué tan fuerte pudo haber sido el suceso para quien pronunció a viva voz su voluntad de ser precandidato a gobernador de Salta, para lo cual sembró gigantografías por doquier en la geografía capitalina? Algunos medios locales señalan como vórtice de la tormenta una denuncia que el futuro precandidato a gobernador Miguel Isa realizara acerca del uso indebido de fondos públicos para la campaña, entre otras cosas.

En un análisis “prima facie”, observamos que el damnificado estrella sería el candidato a senador nacional de Juntos por el Cambio Juan Carlos Romero, quien desde hace un tiempo viene apostando sus fichas a su antiguo delfín. En efecto, Fernando Yarade es un pichón de Romero, fue durante el cobijo de sus gobernaciones que logró ocupar los cargos de ministro de Hacienda y Obras Públicas de la Provincia de Salta, secretario de Ingresos Públicos, interventor del Banco de Préstamos y Asistencia Social, miembro de la Comisión Federal de Impuestos y miembro de la Comisión Arbitral de Impuestos, para nombrar solo algunos.

Con su antiguo patrón venían teniendo conversaciones, trascendiendo en las redes sociales de Júcaro la reunión que mantuvieron hace menos de un mes atrás, el 29 de mayo pasado, en Cafayate, con intendentes y legisladores del Valle Calchaquí.

Ante esta certeza, surge el interrogante: ¿a quién virará su apoyo Juan Carlos Romero para candidato a gobernador? Al fin de cuentas, a rey muerto, rey puesto y, como sucedió en el Imperio Romano durante el año de los cuatro emperadores, todavía queda demasiada agua por correr hasta agosto. “Alea sed non ejicitur, nisi in rem publicam Deus” (La suerte no está echada todavía, Dios salve a la república).

Por Carolina Mena Saravia para Voces Críticas