SALTA.-El ideario popular está repleto de seres imaginarios que habitan espacios donde supuestamente es terreno de los mortales que aún respiran. Sin embargo, la memoria folclórica repone permanentemente historias de aparecidos, de duendes y de seres atormentados que quizás por no haber hallado su lugar en el “más allá” insisten en tratar de convivir –si cabe el término- con los vivos. 

Desde tiempos remotos hubo desconfianza para con los que ya fueron pero siguen siendo y para evitar esta última categoría tan atemorizante para los respirantes es que los cementerios se instalaban lejos de los pueblos, así “las almas no podían volver”, como si el espacio y el tiempo fueran categorías similares para los muertos. 

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Pero ocurrió que la civilización avanzó hacia los cementerios rodeándolos e integrándolos al ejido urbano, como en el caso de Salta con el Cementerio de la Santa Cruz cuyos nichos y mausoleos despiden o dan la bienvenida al que llega a esta tierra. 

No sólo los espacios consagrados a los muertos son epicentro de apariciones o manifestaciones ultraterrenas, ocurre en las ciudades, en las casas y en los lugares donde se despiden los vivos, es decir los hospitales y sanatorios. La inteligencia trata de explicar esas manifestaciones como almas que murieron impenitentes y aún no pueden alcanzar los cielos más elevados y pululan en el bajo astral. 

El menú de aparecidos es variado, los hay perversos que se ocupan de dañar a las personas o que incluso son utilizados por los espiritistas y brujos modernos; también están los que se divierten haciendo travesuras que algunos llaman “Querubines”, niños todos blancos cuya ocupación es movilizar las cosas de las casas. Y están las almas sublimes, al parecer enviadas a cumplir una misión de sanar a los afligidos. 

Así es como se cuenta que en ciertos lugares de Salta es común observar manifestaciones metafísicas como es el caso del Policlínico San Bernardo donde en las noches algunos aseguran ver un gaucho que transita los pasillos de los quirófanos, pasando de uno a otro, como en una guardia eterna para “ver cómo está todo”. 

Hacia el fondo, en el sector de los depósitos se cuenta de que de cuando en vez se escucha una jarana desatada, risas y ruidos de objetos que caen al piso, pero que cuando algún personal va a revisar qué está pasando encuentra sólo silencio y todo en su lugar. Retirado del lugar el personal, se reinicia el jolgorio. Alguno con sentido del humor habría dicho: “Por lo menos sábanas no les van a faltar”. 

Otro personaje etéreo que se dice transita por el hospital de origen peronista es un mujer en camisón que en ocasiones deambula pasada la medianoche por los pasillos de los internados y que cuando alguna enfermera o pariente de paciente quiere alcanzarla para preguntar qué le pasa, la visión se desvanece. Jamás, dicen, le vieron la cara, siempre la ven de espalda y quienes la describen dicen que sería una mujer de edad madura, cabello negro y batón blanco que se desplaza descalza por las galerías. 

Por fin, otro “internado” que continúa sin partir se localizaría en la zona de la terapia intensiva del Hospital Militar. Quienes lo vieron dicen que se trataría de una persona joven, ataviada de jean y pullover blanco que de pronto aparece por detrás de los enfermos o parientes y siempre se queja del servicio: “Qué mal te atienden aquí”, observa un testigo, pero al momento de girar la cabeza para ver de quién se trata, el quejoso ya no está. Consultado un médico sobre la posibilidad de la existencia de este singular paciente, con una sonrisa admitió que “Dicen que sí, que hay un flaco que siempre se queja. Debe ser alguno que atendieron mal antes, yo recién llego a este destino”.  

También otros aseguran que las salas de internación del Hospital Militar suelen verse como una suerte de huellas “negritas” que se desplazan por el piso de madera y atraviesan las puertas para desaparecer. Algún enfermo comentó que “a veces están en medio de la sala, como caminando entre las camas, como si estuviera pasando revista a los enfermos. Somos varios los que las vimos”. Tal vez, el espíritu de algún médico fallecido cuya vocación lo impulsa a continuar con su tarea. 

Imagen ilustrativa
Imagen ilustrativa

¿Dónde comienza la leyenda y dónde termina la fantasía? La imaginación puede hacer ver cosas que no son… pero que la vida más allá de muerte existe y continúa la diversificación entre buenos y malos es cosa cierta. De otra manera ¿para qué existirían los exorcistas, verdad?

Por Martina Guzmán para Voces Críticas