SALTA.- El anchi es un postre bien criollo a base de harina de maíz (polenta o sémola de maíz). Es un plato muy popular en la región Noroeste de nuestro país, especialmente en la provincia de Salta. Una receta sencilla, económica, rica y nutritiva, cuya preparación tiene diferentes versiones dependiendo de los gustos de cada uno y de la época del año, dando como resultado variedad de texturas, sabores y temperaturas posibles

Ingredientes:

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1/2 kg. de maíz (sémola) amarillo o morado.

1/4 kg. de azúcar.

2 limones

Clavo de olor o canela en rama.

Orejones.

Preparación:

Lavar la sémola cambiando el agua varias veces.
Colocar en un recipiente adecuado un litro y medio de agua, hacer hervir, agregar la sémola y dejar cocinar una hora y media aproximadamente

Agregar  limón, azúcar y clavo de olor ó canela.  Si agrega orejones, dejarlos en remojo  toda una noche y hacerlos hervir  antes de incorporarlos a la preparación. Hervir una media hora más. Retirar del fuego , la consistencia debe ser semi-líquida. Dejar enfriar y comer sólo o con miel de caña.

Tips:

Si vemos que la preparación está quedando muy espesa y la preferimos más líquida (esto va en gustos) podemos ir agregando agua en cantidad necesaria durante la cocción.

Se puede optar también por jugo de naranja en vez de limón, o por una combinación de ambos.

Si agrega orejones o alguna fruta deshidratada dura, es recomendable dejarla en remojo desde la noche anterior y  hervirla antes de incorporarla a la preparación.

El anchi para todos los gustos

Se lo puede prepar blando, bien sólido, tipo caramelizado, o “bien chuyo”, como le dicen en sus pagos natales, es decir, cual sopa espesa, casi líquido. Y aquí no termina la historia, pues, así como en materia de texturas no hay nada escrito, tampoco en cuestiones de temperatura. El anchi puede servirse humeante, tibio, frío y de otra cuanta manera a usted se le plazca.

El anchi propone un toque de azúcar y la grata compañía de frutos disecados (tales como uvas, pelones o duraznos, los famosos “orejones”), así como de frutas frescas. Incluso, se lo puede rematar con miel de caña. De allí el mote de “postre”, por más que su ingrediente base responda a un plato salado… ¡y qué plato! El hecho es que toda posible resistencia acaba tras la primera cucharada, o luego del primer bocado, puesto que al anchi también admite cuchillo y tenedor. Todo depende de las mencionadas variantes, y de la época del año, claro: en invierno, nada mejor que un anchi acuoso y bien caliente; mientras que al verano mejor le sienta un anchi frío y sólido –o, al menos, cremoso–, listo para ser cortado en cubos. Las frutas de estación también pueden hacer la diferencia a la hora de la dulzura, por lo que el anchi es pura ductilidad al servicio del paladar.