SALTA.-Es la última avanzada del marxismo derrotado en todos los frentes durante el siglo pasado que ahora se disfraza bajo el manto de una supuesta reivindicación de derechos que tampoco son tales, pues si los derechos, según la recta razón tiene su fuente primaria en el derecho natural, esta ideología patea en la base misma a todo el orden natural. 

Como siempre ha ocurrido los desmanes de la izquierda han sido funcionales a la derecha capitalista y en esta ocasión no es distinto pues la ideología de género viene a cumplir en los hechos lo que en los papeles se decidiera hace cinco décadas atrás en el seno de los grandes organismos internacionales de que había que reducir la población por cualquier método. 

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Así se destinaron miles de millones de dólares a instigar a los grupos más reaccionarios de la izquierda que compraron el mensaje y se derramaron por las calles motorizando el aborto, incentivando la destrucción de la familia, utilizando a la mujer para destruir al hombre y calificando como derechos de las personas todas las aberraciones que una mente enferma pudiera concebir. 

Esto es así porque hay que comprender que la ideología de género opera sobre la psicología apartándose de hecho natural de la diferenciación de los géneros. Trabaja desde una óptica cultural, una impronta de la época que “todo lo permite” y donde “todo es posible” en cuanto pueda ser concebido en un cerebro. De esta manera el individuo ya no es lo que la naturaleza decidió que sea (varón o mujer) sino lo que se percibe. 

Así se abrió la puerta a que un humano se perciba como un felino doméstico y deba ser tratado como tal, o que un sexagenario se perciba como una infante de cinco años y deba ser admitido en un kínder vestido de niña; de allí hasta justificar la pedofilia como un derecho  tal como lo exponen los “pedosexuales”, una de las tantas deformaciones que se predican como justificadas existe todo. 

La intención es macabra y la ignorancia social contribuye a que se extienda este fenómeno que está obrando peor que la peste negra que diezmara la Europa medieval. Es la cruzada de los perversos que ahora ingresan a las aulas bajo el pretexto de generar una educación sexual que no es otra cosa que una manifiesta forma de pervertir las mentes de los pequeños bajo el imperio de la ley. 

Es momento de alertar a todos los ciudadanos sobre los peligros que entraña esta ideología de género que avanza sin piedad dejando indefensa a la sociedad, destruyendo sus bases, vociferando contra Dios y la familia, socavando todo sentimiento de pertenencia a una patria y preparando el terreno para un caos social de inimaginables consecuencias.

 

 Martina Guzmán