Un día como hoy, pero de 1231, ascendía al cielo san Antonio de Padua, a quien también se conoció como san Antonio de Lisboa, por haber nacido en esa ciudad en 1195. Su fama de santidad fue percibida en vida, por la serie de prodigios y milagros que realizara y la enorme popularidad que alcanzara en su corta existencia.

Con una vida riquísima, sobresalía su don para predicar, sus sermones alcanzaban una altura teológica magnifica, repletos de citas bíblicas que acreditaban su acabado conocimiento y dominio de las escrituras, razón por la cual se lo conoce también como “Doctor Angélico”.

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Cuando tenía 15 años ingresa en el convento agustino de San Vicente y en 1220 toma contacto con los frailes menores, en Italia, congregación fundada por san Francisco de Asís. Durante Pentecostés de 1221 vio y escuchó en persona al propio san Francisco durante el Capítulo General de Asís. En 1222 es ordenado sacerdote.

Sus sermones eran de una calidad tal que pronto cobró fama y recibió del propio san Francisco el encargo de enseñar teología a los frailes y fue comisionado para contraatacar la herejía cátara en Francia, convirtiéndose en un viajero incansable entre el sur de ese país y el norte de Italia.

La admiración del papa Gregorio IX lo llevó a llamarlo “Arca del Testamento”. Sus prédicas atacaban los vicios, en especial la usura y la avaricia. Se destaca la predicación cuaresmal de 1231 como uno de los períodos más prósperos de su prédica en vida. A pesar de que su salud se deterioraba, no dejaba de enseñar y escuchar confesiones multitudinarias al aire libre (no cabían en las iglesias) hasta la puesta del sol.

Luego de la Pascua de 1231 se retiró a Camposampiero, donde vivió en una celda construida por sus manos bajo un nogal. Habiendo decidido retornar a Padua, enfermo de hidropesía, , murió el 13 de junio de 1231, cuando tenía alrededor de 36 años, diciendo: "Veo a mi Señor".