Por Carolina Mena Saravia

La misteriosa relación entre la Asunción de María y el dogma católico

La Virgen María fue llevada en cuerpo y alma a los cielos, este misterio fue plasmado por un sinfín de artistas de todos los tiempos
jueves, 15 de agosto de 2019 · 13:21

Salta.- (Por Carolina Mena Saravia) Hoy es un día de fiesta para la Iglesia católica con la celebración de la Asunción de la Virgen María a los cielos en cuerpo y alma, como anticipo de la resurrección de los cuerpos que se llevará a cabo en el fin de los tiempos. La Iglesia ortodoxa también celebra este dogma.

¿Qué es un dogma? Es una verdad de fe absoluta, infalible y definitiva, es incuestionable y revelada por Dios a través de la Biblia o la Sagrada Tradición. Una vez proclamado no puede derogarse así como tampoco negarse, ni por el papa ni por decisión conciliar. El papa Pío XII proclamó este dogma el 1 de noviembre de 1950, a través de la constitución apostólica Munificentissimus Deus, “pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

El arte se hizo eco desde tiempos inmemoriales de este misterio de fe, aunado a la dormición de la Virgen y al dogma de la Inmaculada Concepción de María, como es el caso de las célebres representaciones del pintor español Bartolomé Esteban Murillo con la reconocida y alguna vez considerada la pintura más costosa del mundo “Inmaculada de los Venerables” o “Inmaculada de Soult”, que exhibe con orgullo el Museo de Louvre, en París.

Se trata de la representación de la Virgen María, rodeada de ángeles, sus ojos elevados al cielo, en un misterioso movimiento ascendente, con la luna a sus pies. En esta obra se ve claramente la maestría en el ejercicio del claroscuro, recurso dominado por Murillo, pero por sobre todo una luz traspasa las fronteras de la obra, convirtiéndose en una invisible bruma celestial que hace que el espectador no pueda apartar su mirada de la misma. ¿Síndrome de Stendhal? Exactamente, las palpitaciones y efluvios experimentados ante su presencia son una constante en la descripción de quienes, maravillados, manifestaron padecer este éxtasis ante la belleza, otrora experimentado por el conocido escritor durante su visita a la basílica de la Santa Cruz, en Florencia. Así lo refleja esta oda a la Asunción de 1795, titulada “Al cielo vais, Señora”:

 

Al cielo vais, Señora,

y allá os reciben con alegre canto.

 

¡Oh quién pudiera ahora

asirse a vuestro manto

para subir con vos al monte santo!

 

De ángeles sois llevada

de quien servida sois desde la cuna,

de estrellas coronada:

 

¡Tal Reina habrá ninguna,

pues os calza los pies la blanca luna!

Volved los blancos ojos,

ave preciosa, sola humilde y nueva,

a este valle de abrojos,

que tales flores lleva,

do suspirando están los hijos de Eva.

 

Que, si con clara vista,

miráis las tristes almas desde el suelo,

con propiedad no vista,

las subiréis de un vuelo,

como piedra de imán al cielo, al cielo.

 

 

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