POR CAROLINA MENA SARAVIA

Santa Rosa y el misterio de la tormenta que lleva su nombre

Se trata de una de las santas de la Iglesia católica cuya devoción está muy extendida en continente americano y de una belleza sin igual
viernes, 30 de agosto de 2019 · 19:05

SALTA.- (Por Carolina Mena Saravia) Rosa no fue efectivamente su nombre original, pero sí el que gustaba utilizar su madre cuando se dirigía a ella, quizás porque su extraordinaria belleza le recordaba a la flor con ese nombre. Al tiempo, y tras su confirmación, en 1597, el obispo de Perú, santo Toribio de Mogrovejo, la llamó por ese nombre con el que sería recordada siempre.

Nació en la ciudad de Lima, un 20 de abril de 1586. Fue la cuarta hija del matrimonio formado por Gaspar Flores y María de Oliva y Herrera, que tuvo a su vez 13 hijos en total. Su nombre de bautismo era Isabel Flores de Oliva, tornado luego en Rosa, al cual tardó un tiempo en aceptar, pero que finalmente se encarnó en su ser y fue incluso reafirmado por las visiones sobrenaturales que tuvo del Niño Jesús y la Virgen María.

Su belleza la perturbaba de tal manera que llegó hasta a cortarse el pelo y arrojar pimienta en su rostro para ahuyentar a sus pretendientes. No fue religiosa, sino una laica consagrada perteneciente a la Tercera Orden de Santo Domingo, emulando a santa Catalina de Siena, faro guía y protector, su modelo a seguir.

Su vida de mística está ceñida por una dedicación a la oración y entrega a la ayuda de los más humildes, llegando a dormir solamente dos horas por día para poder dedicarlo casi por completo a la vida espiritual.

Sucesos que desataron la tormenta del milagro

Uno de los hechos más notorios, al cual se le atribuye su intercesión, sucedió en vida de la santa, en 1615, cuando buques corsarios neerlandeses amenazaban con invadir la ciudad de Lima, estando próximos al puerto de El Callao. Rosa, ni lerda ni perezosa, reúne a las mujeres en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario para orar intensamente. Cuando cunde la noticia del desembarco de los invasores, Rosa se puso delante del altar para proteger con su propio cuerpo el Santísimo Sacramento.

Las naves se retiraron días después como consecuencia de la misteriosa muerte del capitán de la flota, sin haber atacado la ciudad de Lima, en medio de una copiosa tormenta. Como recordatorio de este notable episodio, Rosa fue señalada como intercesora de este portentoso milagro, y se la puede encontrar en los devocionarios sosteniendo a la ciudad de Lima con un ancla. Argentina y Uruguay, como recordatorio de este prodigio, esperan la “tormenta de santa Rosa”, que año a año se repite días antes o después del 30 de agosto, marcando el final del invierno y el comienzo de la primavera en el hemisferio sur.

Murió aquejada de tuberculosis en el lugar donde hoy se erige el Monasterio de Santa Rosa de Lima, cuando tenía 31 años, el 24 de agosto de 1617 según ella misma lo profetizó. Su velorio y entierro fueron un suceso recordado hasta el día de hoy, la multitud pugnaba por arrancar sus vestidos en pos de guardar recuerdo de la santa. La basílica y convento de Nuestra Señora del Rosario de Lima, conocido popularmente como Santo Domingo, guarda sus restos, donde se puede ver su cráneo rodeado por una corona de flores, honrando a la primera santa de América.

Cráneo de Santa Rosa, exhibido en el convento de Santo Domingo 

Rostro de Santa Rosa de Lima reconstruido en base a modernos estudios (análisis odontológicos, antropológicos forenses y la digitalización en 3D por fotogrametría, con software de código abierto) realizados tras la exhumación del cadáver.

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