MAGIA EN UNA AUTÉNTICA POESÍA DEVENIDA EN PROSA

Memorias de un gorrión

Gladys A. Coviello toma un texto fascinante, "Memorias de un gorrión" de Ricardo Mena Martínez-Castro, y analiza con precisión sus matices y bemoles
lunes, 22 de junio de 2020 · 13:54

“Los pájaros que pueden volar muy alto en el cielo, simbolizan una libertad muy distinta, la que posee el alma para elevarse libremente sobre lo que nos ata a nuestra existencia terrenal”.  Bruno Bettelheim

En el libro Testamento secreto de Ricardo Mena Martínez Castro figura una novela corta o nouvelle integrada por tres textos.  “Memorias de un gorrión” es el segundo capítulo donde la calidad narrativa y la precisión en la expresión para un tema de erotismo muy particular están logradas a través de las características que definen al autor como un diestro pescador de palabras  olvidadas.

El empobrecimiento del lenguaje impuesto por los cambios acelerados de nuestros días suprime y anula las formas de expresión ricas del español y es el trabajo arqueológico de Mena quien las recupera.

El tema en “Memorias de un gorrión” trata  sobre una hermosa joven que espera el anochecer para peinar su cabellera negra frente a un espejo, mientras un pajarillo permanece atento al momento en que el ritual de la sensualidad y complacencia solitaria va a comenzar, antes de que los faroles se enciendan. La joven cree estar sola, pero dos observadores están esperando la función.

El término voyeur  se refiere a la persona que espía o mira escondida a otras personas en situaciones eróticas para excitarse sexualmente y es un gorrión, un ave sencilla, quien cumple esa función. Además hay otro mirón, pero a diferencia del pajarito no se esconde, sino que participa del deleite  a través de ese órgano de auto contemplación que es el espejo dotado de carácter mágico.

Narra el autor que “El gorrión tomó su puesto en la ventana como lo hacía inveteradamente. Esperaba con ansias la lumbre aceitosa  de los faroles y el corazón palpitante pareció estallarle, al percibir el ruido de la puerta que se abría. Clavó la mirada con insistencia en aquella dirección y su figura espléndida quedó recortada sobre el marco, alumbrada por una luz exterior. Lucía magnífica, como emergiendo de un cuadro magistral.

 “(…) el plumífero voyeur al contemplar la escena, experimentó un inesperado rizamiento de sus plumas, despertando los sensores más recónditos de su piel de pájaro; el espejo respondió también a la tensión, con un repentino empañamiento de sus aguas codiciosas”.

“(…) el gorrión sentía arder su plumaje con ribetes escandalosos, la sangre se estancaba en el delta de sus alas atosigándolo con su carga erótica y sin propósito previo, impetró al dios de los pájaros por la gracia mutátil de convertirse en hombre”.

(La joven) “Permaneció así, desnuda ante la estólida mirada del gorrión, que penosamente dejaba penetrar por su pico entreabierto la rigidez el aire”.

(Ella)…”caminó hacia la ventana del cuarto, para preservar su intimidad de posibles miradas indiscretas. Extendió la mano hacia la cortina y corriéndola, descubrió la figura estatuaria del gorrión”.

 “Tiene frío o está herido, pensó y tomándolo delicadamente entre sus dedos, lo refugió en el surco entreabierto de su pecho”.

El relato continúa con la lenta transformación del ave en un esbelto joven logrado con palabras donde el límite prosa- poesía se confunden.

“Comprobó estupefacto el nacimiento de cinco dedos rosáceos y estremecidos, emergiendo de su capullo alado. Un milagro similar ocurría con las patas y demás retazos de su cuerpo: tocó el pico con la mano recién nacida, comprobando su reemplazo por una nariz recta y hermosa como la de los humanos”.

(La joven) “Despertó a los rumores de la noche, contemplando la figura de un joven salido quizá del libro donde duermen los efebos, convertidos por la taumaturgia en semidioses de leyenda”. La soledad se convierte en un extenso y minucioso  informe sobre el placer al que se entregan los personajes. Esta narración es un cuento de hadas, literatura que conoce el autor. Surge la comparación del gorrión, un tímido pajarito, con la rana del cuento “El príncipe rana” de los hermanos Grimm.

“Luego del incendio sobrevino la calma”, y cuando el sol aclaró la habitación, la joven despertó con la alegría de haber sido amada por el hombre ideal. “Buscó al hombre por todos los rincones y había desaparecido. Una visión le permitió verlo caminar hacia montañas ignoradas y recibiendo mensajes sin sonidos: “volveré”.

Gladys A. Coviello 19-6-2020

Bethenheim, Bruno Psicoanálisis de los cuentos de hadas.

Cirlot, Juan E.  Diccionario de símbolos. Ed. Labor, Barcelona, 1969.

Mena, Ricardo F. Testamento secreto. Editorial Milord, Salta, 2001.

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